23 Ene 2019

Tragedia en Tlahuelilpan

No pensamos que un ducto se fuera a romper. No pensamos que un grupo de pobladores fuera a robar gasolina. No pensamos que fuera a terminar en tragedia. No pensamos… pero, sucedió. ¿Qué hacemos ahora? ¿Cómo interpretamos lo sucedido?
Por Dr. J. Alberto Paredes

Un Análisis Bíblico ante un Suceso Trágico

Dr. J. Alberto Paredes.

¿Tragedia? ¿Consecuencias? ¿Castigo? Sin temor a equivocarnos puedo decir que es un evento que nos tomó por sorpresa como nación. No pensamos que un ducto se fuera a romper. No pensamos que un grupo de pobladores fuera a robar gasolina. No pensamos que fuera a terminar en tragedia. No pensamos… pero, sucedió. ¿Qué hacemos ahora? ¿Cómo interpretamos lo sucedido? El país hoy se encuentra dividido sobre qué posición tomar respecto a los sucesos ocurridos la semana pasada en Tlahuelilpan, Estado de Hidalgo. Un frente culpa a los gobiernos pasados por generar las condiciones perfectas para llevar a una población inocente a comportarse de esa manera por “necesidad”. Otro responsabiliza y juzga sin misericordia a los propios ciudadanos por las consecuencias naturales de sus actos. Todos buscan culpables, pero ¿es esto lo que deberíamos estar haciendo frente a este tipo de situaciones? Propongo un enfoque distinto: el evento sucedido en Tlahuelilpan la semana pasada es un juicio de Dios que nos llama al arrepentimiento y a la fe. No te asustes, te invito a leer conmigo hasta el final y descubrir lo que la Biblia tiene que decir sobre este tipo de tragedias.

Comúnmente, al presentarse situaciones semejantes, muchos citarán aquel evento que se narra en el evangelio de Lucas:

En esa misma ocasión había allí algunos que le contaron acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con la de sus sacrificios. Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque sufrieron esto? Os digo que no; al contrario, si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. ¿O pensáis que aquellos dieciocho, sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, eran más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Os digo que no; al contrario, si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.

Lucas 13:1-4 (LBLA)

El mensaje es claro. Para quienes defienden que es culpa de la sociedad y los gobiernos que los llevaron a cometer ese delito, Jesús dice: No. Él no culpa a Pilato ni a los malos gobiernos que construyeron una torre de mala calidad. Él establece que todos los que murieron eran deudores y pecadores. Como bien establece Romanos 6:23, esa deuda, la paga del pecado, era deuda de muerte. Todos merecían juicio, y es lo que obtuvieron.

Por otro lado, para aquellos que de una forma moralista apuntan e incluso se burlan de lo sucedido, Jesús nos recuerda que no solamente todos los que murieron eran pecadores que merecían el juicio, sino que su audiencia, quienes fueron testigos de este evento, no eran diferentes.

¿Pensáis que estos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque sufrieron esto? … ¿O pensáis que aquellos dieciocho, sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, eran más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalén?

Lucas 13:2a, 4 (LBLA)

Pero quizá lo que sea más aterrador para nosotros, testigos de los hechos, como lo fue para la audiencia de Jesús en ese tiempo, es que estas tragedias debían servir como una advertencia para nosotros. En dos ocasiones, con un énfasis especial, Jesús llama a su audiencia a arrepentirse, tras considerar lo ocurrido con sus compatriotas a manos de Pilato y la torre de Siloé.

Os digo que no; al contrario, si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente… Os digo que no; al contrario, si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.

Lucas 13:2b, 5 (LBLA)

La misma frase se repite con exactitud dos veces. Jesús no se disculpa. No busca excusas. No busca defender las acciones soberanas de Dios, sino que toma los acontecimientos como un claro ejemplo del juicio de Dios sobre los pecadores, y una exhortación al arrepentimiento y a la fe.

Pero quizá nos resulte más interesante leer el contexto de este corto pasaje, para darnos cuenta de la forma como Jesús establece su argumento.

En Lucas 12:1-12, Jesús advierte sobre guardarse de la hipocresía que caracteriza a los fariseos, y lo hace enfáticamente dando la siguiente razón:

Y yo os digo, amigos míos: no temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no tienen nada más que puedan hacer. Pero yo os mostraré a quién debéis temer: temed al que, después de matar, tiene poder para arrojar al infierno; sí, os digo: a éste, ¡temed!

Lucas 12:4-5 (LBLA)

Después, en Lucas 12:13-21, Jesús advierte por medio de una parábola sobre la avaricia, y la necedad de acumular tesoros en la tierra para nosotros. El texto termina con lo siguiente:

Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta misma noche te reclaman el alma; y ahora, ¿para quién será lo que has provisto?”

Lucas 12:20 (LBLA)

Más adelante en los versos 22-34, Jesús nos anima a vencer la ansiedad, considerando que es el Padre quien suple nuestras necesidades materiales, por tanto deberíamos estar mejor, ocupados en buscar las cosas celestiales. Y, recordando la finitud de la vida humana, nos llama la atención esta frase en el texto:

¿Y quién de vosotros, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida?

Lucas 12:25(LBLA)

Acercándonos más, en los versículos 35-48 Jesús cuenta y explica una parábola sobre los siervos vigilantes, cuyo énfasis es enseñar que el Señor vendrá pronto para establecer juicio sobre las naciones, y que debemos estar preparados a todas horas para esto.

Vosotros también estad preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no esperéis…Dichoso aquel siervo a quien, cuando su señor venga, lo encuentre haciendo así. De verdad os digo que lo pondrá sobre todos sus bienes. Pero si aquel siervo dice en su corazón: “Mi señor tardará en venir”; y empieza a golpear a los criados y a las criadas, y a comer, a beber y a embriagarse; el señor de aquel siervo llegará un día, cuando él no lo espera y a una hora que no sabe, y lo azotará severamente, y le asignará un lugar con los incrédulos.

Lucas 12:40, 43-46 (LBLA)

Finalmente, justo antes de nuestro texto principal, en los versos 49-59, Jesús enseña que Él ha venido a traer juicio sobre la tierra, y, nuevamente, que debemos tratar de estar preparados para cuando ello suceda, pues una vez estemos ante el juez, el juicio se llevará a cabo, y no habrá nada que hacer, sino someternos a nuestra sentencia.

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera encendido! …Porque mientras vas con tu adversario para comparecer ante el magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te eche en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado aun el último centavo.

Lucas 12:49, 58-59 (LBLA)

 Así es como llegamos al texto de los asesinados por Pilato y el accidente de la Torre. Advertencia tras advertencia. Jesús está enseñando que debemos estar en todo tiempo preparados para enfrentar el tiempo del juicio. De hecho, terminando la explicación sobre las tragedias sucedidas en Jerusalén, Jesús, termina con una parábola:

Y les dijo esta parábola: Cierto hombre tenía una higuera plantada en su viña; y fue a buscar fruto de ella, y no lo halló. Y dijo al viñador: “Mira, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo. Córtala. ¿Por qué ha de cansar la tierra?” El entonces, respondiendo, le dijo: “Señor, déjala por este año todavía, hasta que yo cave alrededor de ella, y le eche abono, y si da fruto el año que viene, bien; y si no, córtala.”

Lucas 13:6-9 (LBLA)

El propósito de esta parábola es hacer énfasis en el juicio que habrá de venir. Una higuera de tres años es una higuera adulta, y que es poco probable que dé fruto si no ha producido en todo ese tiempo. Sin embargo, el viñador consigue una última oportunidad. La audiencia original de Jesús entendería claramente esto como un llamado al arrepentimiento.

Sobre lo sucedido en Hidalgo, antes de discutir si fue o no responsabilidad de los que fallecieron, debemos reflexionar si no somos nosotros la higuera estéril. Estas tragedias (porque eso es lo que son) deben servir para valorar nuestra situación espiritual, para llamarnos al arrepentimiento y a la fe. Pero no solo eso, sino, como Jesús, para llamar a otros al arrepentimiento y a la fe. Tú que piensas que fue culpa del gobierno, está bien, pero, independientemente de eso: ¿Estás preparado para ser el siguiente? Tú que piensas que lo tenían merecido, está bien, pero: ¿qué te mereces tú?

Según Jesús mismo, tú y yo, amado lector, no nos merecemos menos de lo que sucedió a los fallecidos en el accidente de Tlahuelilpan. Tu y yo somos pecadores, y merecemos juicio. Por esto, estos sucesos deben hacernos dejar de ver al gobierno o a nuestra propia moralidad como nuestra esperanza. Nos deben hacer ver a Cristo, hacia Aquél que vivió perfectamente, y murió injustamente en lugar de sus elegidos, murió en lugar de aquellos que han puesto en Él su confianza. Hoy sucedió en Hidalgo, mañana quizá sea en Durango, o en Sinaloa, quizá en la Ciudad de México, quizá en el sureste o quizá en todo el mundo. Somos prontos para juzgar y buscar culpables, pero en esta ocasión, te hago una invitación: a la luz de los acontecimientos, juzguemos nuestra condición espiritual, y busquemos a Cristo como nuestro Señor y Salvador.

Vosotros también estad preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no esperéis…

Lucas 12:40 (LBLA)

Médico graduado de la Universidad Anáhuac Mayab. Director y Fundador de Enviados México. Estudiante de Maestrías en Divinidades y en Estudios Teológicos del Seminario Teológico Reformado de Charlotte, Carolina del Norte. Ha publicado entradas en otros ministerios como Dios es Santo; y artículos oficiales en el Christian Research Institute. Pasión creciente por la Palabra, y pasión por su país. Promoviendo la Reforma en México, Por Su Gracia…Para su Gloria.

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