27 May 2020

¿Qué Significa Ser Reformado? Pte.1

Por Pbro. Luis García

En la década de los 90’s, Laurence M. Vance escribió en su libro titulado, El otro lado del calvinismo, las siguientes palabras:

“Nada amortiguará [debilitará] más una iglesia o sacará a un joven del ministerio que la adhesión al calvinismo. Nada fomentará más el orgullo y la indiferencia que lo hará un afecto por el calvinismo. Nada destruirá más la santidad y la espiritualidad que el apego al calvinismo… Las doctrinas del calvinismo lo amortiguarán y matarán todo: oración, fe, celo, santidad.”[1]

Hoy existen personas que continúan percibiendo la fe reformada o calvinismo bajo los mismos criterios negativos que se escribieron en ese libro. Esto nos lleva a preguntarnos sobre lo que significa en realidad ser reformado.

Para contestar esto, he dividido la respuesta en dos partes: 1) lo que cree un reformado y 2) lo que practica. Es decir, analizaremos la ortodoxia y ortopraxis calvinista.

Ortodoxia: La doctrina que cree un reformado

  1. Todo verdadero calvinista es credal. Esto significa que sostiene como creencia verdadera las enseñanzas bíblicas resumidas en los credos históricos, tales como el credo de los Apóstoles, de Nicea, de Atanasio y de Calcedonia. De los cuales aprendemos doctrinas coma la ontología y economía de la Trinidad, las dos naturalezas de Cristo, la naturaleza y funciones básicas de la iglesia y por supuesto, la gloriosa esperanza de la vida eterna. Todo esto nos muestra, también, que el calvinismo no comenzó con Calvino, nuestra fe reformada es una fe histórica y apostólica.
  2. Todo verdadero calvinista es protestante o evangélico. Esto quiere decir principalmente que sostiene en alto las Solas de la Reforma Protestante, a saber, Sola Scriptura (sólo la Escritura es la máxima autoridad en todo), Solus Christus (sólo en Cristo hay salvación), Sola Gratia (sólo por gracia tenemos salvación), Sola Fide (sólo a través de la fe recibimos la salvación), y Soli Deo Gloria (sólo a Dios la gloria por tan grande salvación).
  3. Todo verdadero calvinista es confesional. El teólogo Joel Beeke comenta lo siguiente: “la fe calvinista es tan rica que al menos tres familias de declaraciones confesionales se desarrollaron en los siglos XVI y XVII: la familia inglesa-escocesa, la familia holandesa-alemana y la familia suiza, ninguna de las cuales contradecía a las demás, sino que se edificaban y complementaban.”[2] ¿Cuáles son estas confesiones que surgieron de estos tres distintos lugares geográficos y que todo reformado considera como buenas expresiones o resúmenes de la enseñanza bíblica?
    • De la familia de suiza tenemos la Primera (1536) y Segunda (1566) Confesión Helvética. De la familia de los ingleses y escoceses tenemos la Confesión Escocesa de 1560 y la famosa Confesión de Fe de Westminster (1647) junto con sus dos catecismos (1648). Y por el lado de la familia holandesa-alemana hemos heredado las Tres Formas de Unidad, que son: la Confesión de Fe de Belga (1561), el Catecismo de Heidelberg (1563) y los Cánones de Dort (1618–1619).

De estas Confesiones y Catecismos aprendemos cuatro distintivos reformados:

  • Todo verdadero calvinista tiene una sólida doctrina de Dios. Esto significa que lo que cree de Dios está enraizado en las Escrituras, y no en experiencias o ideas subjetivas. Esta doctrina le enseña que Dios es el soberano, tres veces santo, lleno de gloria y todo bondadoso Rey. O como dijo Benjamín Warfield: “El calvinista es el hombre que ha visto a Dios, y quien, habiendo visto a Dios en Su gloria, está lleno, por una parte, de un sentido de su propia indignidad para permanecer ante Dios como criatura, y mucho más como pecador, y por otra parte, de un asombro reverente de que, a pesar de todo, este Dios es un Dios que recibe a los pecadores.”[3]
  • Todo verdadero calvinista cree en las doctrinas de las gracia. Esto es lo que comúnmente llamamos los cinco puntos calvinistas, que en realidad son un resumen de los Cánones de Dort. ¿Qué nos enseñan estas doctrinas de la gracia? En términos sencillos nos enseñan el significado del verdadero Evangelio. Es decir, que Cristo vino a vivir en perfecta obediencia y a morir propiciatoriamente por los elegidos, a los cuales el Padre llama eficazmente en el momento establecido por él, produciendo a través del Espíritu Santo vida espiritual al alma muerta en pecado de la persona, la cual ahora responde con arrepentimiento y fe, recibiendo de esa manera la salvación por gracia y permaneciendo en ese estado de salvación hasta el fin, por obra de Dios y todo esto, para gloria del soberano Señor del pacto.
  • Todo verdadero calvinista es pactual. Esto quiere decir que cree en la doctrina de que Dios administra su reino glorioso por medio pactos, siendo el primero de éstos el que estableció con Adán y que recibe como nombre teológico Pacto de Obras. Sin embargo, “el hombre, por su caída, se hizo incapaz para la vida que tenía mediante aquel pacto, por lo que agradó a Dios hacer un segundo pacto, llamado comúnmente el Pacto de gracia.”[4] Este pacto de gracia era administrado, en palabras de la Confesión de Fe de Westminster,
    • “de un modo diferente en el tiempo de la ley y en el del Evangelio. Bajo la ley se ministraba por promesas, profecías, sacrificios, la circuncisión, el cordero pascal y otros tipos y ordenanzas entregados al pueblo judío; y todos señalaban al Cristo que había de venir, y eran suficientes y eficaces en aquel tiempo por la operación del Espíritu Santo, para instruir y edificar a los elegidos en fe en el Mesías prometido, por quien tenían plena remisión de pecado y salvación eterna…Bajo el Evangelio, cuando Cristo la sustancia fue manifestado, las ordenanzas por las cuales se ministra este pacto son: la predicación de la Palabra, la administración de los sacramentos del Bautismo y de la Cena del Señor[5]; …Con todo, no hay dos pactos de gracia diferentes en sustancia, sino uno y el mismo bajo diversas dispensaciones” (Cap.7, art. V y VI).
    • Una implicación de la teología pactual que todo verdadero reformado cree es que la señal del pacto, específicamente el bautismo, debe aplicarse tanto a los creyentes adultos como a los hijos de padres cristianos, debido a la continuidad del Pacto de Gracia. Por eso leemos en el Catecismo de Heidelberg la siguiente declaración: “Tanto a éstos como a los adultos se les promete por la sangre de Cristo, la remisión de los pecados y el Espíritu Santo, obrador de la fe; por esto, y como señal de este pacto, deben ser incorporados a la Iglesia de Dios y diferenciados de los hijos de los infieles, así como se hacía en el pacto del Antiguo Testamento por la circuncisión, cuyo sustituto es el Bautismo en el Nuevo Pacto.”[6]
  • Todo verdadero calvinista es presbiteriano en su forma de gobierno eclesiástico. Esto quiere decir que en las iglesias reformadas los pastores y los ancianos son escogidos por “elección de la Iglesia, bajo la invocación del Nombre de Dios y con buen orden según enseña la Palabra de Dios.”[7] Son, entonces, estos líderes los encargados de la predicación de la palabra, la administración de los sacramentos y de la oportuna aplicación de disciplina eclesiástica.

Como podemos ver, el calvinismo se distingue por una pureza doctrinal basada, no en el hombre, sino en las Sagradas Escrituras para la gloria de Dios. Por supuesto, la doctrina no lo es todo en el calvinismo. En el siguiente artículo observaremos la ortopraxis reformada. Así que, ¡no te lo pierdas!

[1] Ryken, P. G. (2011). ¿Cómo es el Verdadero Calvinista? (p. 4). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

[2] Beeke, J. R. (2008). Living for God’s Glory: An Introduction to Calvinism (p. xii). Lake Mary: Reformation Trust Publishing.

[3] Warfield, B.B. Calvino como Teólogo y el Calvinismo Hoy, citado en Ryken, P. G. (2011). ¿Cómo es el Verdadero Calvinista? (p. 5). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

[4] (1647). Confesión de Fe de Westminster (Cap.7, art. III).

[5] En la Cena del Señor todo reformado rechaza tanto la transubstanciación como la consubstanciación y abraza la enseñanza de que “el cuerpo y la sangre de Cristo…están real pero espiritualmente presentes en aquella ordenanza para la fe de los creyentes” (CFW, cap.29, art.VII).

[6] (1563). Catecismo de Heidelberg (P.74).

[7] (1561). Confesión Belga (Art.30).

Licenciado en Sagrada Teología del Seminario Teológico Presbiteriano San Pablo de Merida, Yucatan y profesor del mismo desde el 2015 en las areas de Biblia y Teología. Pastor ordenado por la Iglesia Nacional Presbiteriana de Mexico desde el 2015 y autor del libro Post tenebras, lux: Recobrando la doctrina reformada. Puedes seguir su contenido en https://www.facebook.com/SoliDeoGloria8/

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