15 Ene 2019

Objeciones al Dios de la Biblia IV

Al establecer un nuevo Pacto, Cristo estaba indicando que las antiguas estipulaciones civiles y ceremoniales ya no tendrían vigor.
Por Pastor Luis Garcia

Uno de los “peros” que algunas personas levantan en contra del Dios de las Escrituras es en relación con una, según ellos, inconsistencia entre las acciones de Dios en el A.T. con aquellas encontradas en el N.T. Argumentan así:

Premisa 1: Dios en el A.T. destruyó ciudades, envió a su pueblo a guerras y estableció leyes muy severas como la pena muerte para la mujer y el hombre sorprendidos en adulterio.
Premisa 2: Dios en el N.T. no destruyó las ciudades que rechazaron a Cristo, promovió el amor a los enemigos y no permitió que la mujer adúltera fuera apedreada.
Conclusión: Si el Dios de la Biblia existe, es un dios incongruente en sus acciones pues actúa de manera opuesta.

Históricamente, la primera persona en sostener una creencia similar fue un hombre llamado Marción. Para él, Jehová era un ser inferior y no el Dios del N.T. Por ejemplo, decía que, mientras Jehová es vengativo y cruel, el verdadero y supremo Dios, el del N.T., es lleno de amor y perdonador. Esta creencia lo llevó a rechazar rotundamente el A.T. proponiendo una nueva lista de libros que él consideraba inspirados. Por supuesto, quitó el A.T. al igual que toda referencia de él que se encontraba en el N.T. Y aunque su conclusión fue diferente a la que proponen los opositores actuales, sus equivocadas observaciones de lo sucedió en el A.T. y lo que ocurrió en N.T. son, esencialmente, las mismas.

¿Cómo respondemos a esta objeción?

La mejor manera de hacerlo es verificando si las premisas son verdaderas, ya que si no lo son la conclusión cae por sí sola.

Premisa 1: Dios en el A.T. destruyó ciudades, envió a su pueblo a guerras y estableció leyes muy severas como la pena muerte para la mujer y el hombre sorprendidos en adulterio. 

La Biblia sí enseña que ciudades, incluso, que toda la humanidad (a excepción de ocho personas) fueron destruidas por Dios. También, relata las muchas guerras que libró el pueblo de Israel contra los pueblos de Canaán y enseña que, efectivamente, la pena de muerte era el castigo para un adúltero como para otros pecados. Sin embargo, el problema de esta premisa es que no relata la razón ni el propósito de las acciones del Señor. Saber esta información es lo más importante y lo que disipará toda confusión.

En primer lugar, veamos el tema de la destrucción de ciudades. Tomemos el ejemplo de Sodoma y Gomorra. Genesis nos relata lo siguiente: Entonces el Señor le dijo a Abraham: —El clamor contra Sodoma y Gomorra resulta ya insoportable, y su pecado es gravísimo. Por eso bajaré, a ver si realmente sus acciones son tan malas como el clamor contra ellas me lo indica; y si no, he de saberlo (Gen.18:20-21).

Como podemos observar, la razón por la que Dios destruyó estas ciudades fue por causa de su pecado, el cual era muy grave. No fue porque Dios estaba de malas y se desquitó con estas personas. Al contrario, el Señor había sido paciente, pero esa ciudad seguía pecado cada vez más y de formas cada vez más repugnantes, hasta que el Juez de toda la tierra, en armonía con su rectitud y para la gloria de su justicia, emitió sentencia contra ellos.

En segundo lugar, veamos el asunto de las guerras. Tomemos el clásico ejemplo de la Conquista bajo el mando de Josué y contestemos la pregunta: ¿Por qué envió Dios a Israel a la guerra? La respuesta se encuentra en el libro de Génesis. Moisés escribe: Después el Señor dijo a Abram: «Ten por seguro que tus descendientes serán extranjeros en una tierra ajena, donde los oprimirán como esclavos durante cuatrocientos años; pero yo castigaré a la nación que los esclavice, y al final saldrán con muchas riquezas. En cuanto a ti, morirás en paz y serás enterrado en buena vejez. Cuando hayan pasado cuatro generaciones, tus descendientes regresarán aquí, a esta tierra, porque los pecados de los amorreos no ameritan aún su destrucción». Después de que el sol se puso y cayó la oscuridad, Abram vio un horno humeante y una antorcha ardiente que pasaban entre las mitades de los animales muertos. Entonces el Señor hizo un pacto con Abram aquel día y dijo: «Yo he entregado esta tierra a tus descendientes, desde la frontera de Egipto hasta el gran río Éufrates, la tierra que ahora ocupan los ceneos, los cenezeos, los cadmoneos, los hititas, los ferezeos, los refaítas, los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos» (Gen.15:13–21).

Como vemos, la razón de la Conquista que encontramos registrada en el libro de Josué se debió a la promesa que Dios, como dueño de este mundo, le había hecho a Abraham de que esa tierra sería el territorio donde establecería su reino (cf. Gen.12:1-3). Pero no es todo. La destrucción de los habitantes de esa región se debió principalmente por causa de sus pecados. Estas naciones habían estado pecando contra Dios pero «no ameritaban aún su destrucción» (v.16). Esta justa destrucción vendría cuando su maldad llegara al limite o al colmo, lo cual ocurrió en tiempos de Josué. De manera que lo que Israel hizo fue aplicar la justicia de Dios a estos pueblos paganos. En otras palabras y uniendo ambas razones, Israel fue el instrumento de justicia que Dios usó para castigar los pecados de los habitantes de Canaán y de esa forma también Israel disfrutaría del establecimiento del reino teocrático en esa región en cumplimiento de la promesa divina hecha a los patriarcas.

En tercer lugar y en relación con la pena de muerte para los adúlteros, decimos lo siguiente: la Biblia no niega que esas hayan sido las leyes que Dios le dio a Moisés para el pueblo de Israel. Sin embargo, reconocemos también que estas regulaciones tuvieron una razón de ser como también propósitos específicos para los israelitas. Veamos lo que Moisés relata: Si un hombre es sorprendido durmiendo con la esposa de otro, los dos morirán, tanto el hombre que se acostó con ella como la mujer. Así extirparás el mal que haya en medio de Israel (Deut.22:22).

En otras palabras, la razón de ese castigo era precisamente la misma: el pecado. Tal vez estés pensando que no todos los pecados recibían la ejecución como castigo, ¿por qué entonces este sí? La respuesta está implícita y es por las graves consecuencias que ese pecado traería al pueblo de Dios a nivel familiar como nacional. Es decir, si no se hubiera regulado de esa manera, habría habido un gran desenfreno sexual, la sociedad no avanzaría, ya que la base de una nación es el nucleó familiar y además ¿qué diferencia ética podría la nación de Israel mostrar ante el resto de los pueblos vecinos?

En resumen, Pablo nos escribe lo siguiente: Todos también comieron el mismo alimento espiritual y tomaron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los acompañaba, y la roca era Cristo. Sin embargo, la mayoría de ellos no agradaron a Dios, y sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto. Todo eso sucedió para servirnos de ejemplo, a fin de que no nos apasionemos por lo malo, como lo hicieron ellos… Todo eso les sucedió para servir de ejemplo, y quedó escrito para advertencia nuestra, pues a nosotros nos ha llegado el fin de los tiempos (1 Co 10:3–6, 11).

Como podemos ver, todos esos juicios de Dios al pueblo israelita tenían un fin didáctico; tenían el propósito de enseñarnos que el pecado no es un juego, que el pecado es algo verdaderamente serio que requiere castigo.

Premisa 2: Dios en el N.T. no destruyó las ciudades que rechazaron a Cristo, promovió el amor a los enemigos y no permitió que la mujer adúltera fuera apedreada.  

Empecemos con el tema de las ciudades, Mateo escribe: «¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Si se hubieran hecho en Tiro y en Sidón los milagros que se hicieron en medio de ustedes, ya hace tiempo que se habrían arrepentido con muchos lamentos. Pero les digo que en el día del juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón que para ustedes. Y tú, Capernaúm, ¿acaso serás levantada hasta el cielo? No, sino que descenderás hasta el abismo. Si los milagros que se hicieron en ti se hubieran hecho en Sodoma, ésta habría permanecido hasta el día de hoy. Pero te digo que en el día del juicio será más tolerable el castigo para Sodoma que para ti (Mt.11:21-24).

Como se puede notar, estas ciudades que rechazaron a Jesús no experimentaron un juicio temporal de destrucción. La razón no es porque Dios dejara de ser justo y santo, mas bien, porque con la venida de Cristo, su reino que antes había tenido un enfoque más territorial, ahora en el clímax del desarrollo de su reinado sobre su pueblo, éste se establecería de una forma más espiritual, siendo ahora la Iglesia el centro geográfico y de comando comisionada para luchar «contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales» (Efe.6.12) y no contra seres humanos. Sin embargo, es interesante notar que Jesús les da a estas ciudades una maldición que consistía en que recibirían un castigo más severo en el día final por causa de sus pecados. Me preguntó entonces ¿dónde está la inconsistencia en sus acciones? ¿No sigue siendo Dios justo y paciente?

Con respecto al tema del amor, se debe decir que el Señor siempre ha mandado a su pueblo a amar a su prójimo, incluyendo a los enemigos. Moisés escribe: No seas vengativo con tu prójimo, ni le guardes rencor. Ama a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor (Lev.19:18). Y Jesús dice lo mismo: Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen (Mt.5:44).

En relación con el adulterio podemos decir lo siguiente: Cristo no permitió que se le aplicara la pena de muerte porque con su venida (i.e. su vida de perfecta obediencia y muerte en la cruz) todas las leyes civiles y ceremoniales antes establecidas, cesaron (Mt.5:17). De hecho, al establecer un nuevo Pacto (i.e. la administración final del pacto de Gracia), Cristo estaba indicando que las antiguas estipulaciones civiles y demás ya no tendrían vigor. Sin embargo, esto no quiere decir que a Dios ya no le importara la conducta de su pueblo. Al contrario, en el N.T. vemos el mismo carácter justo y santo de Dios condenando los pecados de su Iglesia solo que ahora a través de la disciplina eclesiástica y en ocasiones interviniendo con juicios temporales. Pablo dice: Cuando se reúnan en el nombre de nuestro Señor Jesús, y con su poder yo los acompañe en espíritu, entreguen a este hombre a Satanás para destrucción de su naturaleza pecaminosa a fin de que su espíritu sea salvo en el día del Señor… Por lo tanto, cualquiera que coma el pan o beba de la copa del Señor de manera indigna, será culpable de pecar contra el cuerpo y la sangre del Señor. Así que cada uno debe examinarse a sí mismo antes de comer el pan y beber de la copa. Porque el que come y bebe sin discernir el cuerpo, come y bebe su propia condena. Por eso hay entre ustedes muchos débiles y enfermos, e incluso varios han muerto. Si nos examináramos a nosotros mismos, no se nos juzgaría; pero si nos juzga el Señor, nos disciplina para que no seamos condenados con el mundo (1 Cor.5:4-5; 11:27-32). Como podemos ver, el pecado seguía siendo algo serio y algo que la iglesia debía atender con mucho cuidado.

Conclusión: Si el Dios de la Biblia existe, es un dios incongruente en sus acciones pues actúa de manera opuesta.

Al mostrar que las premisas que estas personas presentan carecen de verdad, nos queda decir que la conclusión, por ende, también es falsa. Dios no es inconsistente, actuando de maneras contrarias como esta gente dice. El siempre actúa de acuerdo con su naturaleza y pacto. Solo es cuestión de aclarar que en el A.T. había ciertas leyes y prácticas que eran necesarias para el desarrollo de la nación política de Israel, las cuales dejaron de ser vigentes para la Iglesia, porque ésta no es una nación política, sino una comunidad de gente de toda lengua, tribu y pueblo unida por la fe y regida bajo un Nuevo Pacto en Cristo, cuya esencia es la misma que la del Antiguo Pacto, pero con estipulaciones o aplicaciones distintas, mas no contrarias.

Licenciado en Sagrada Teología del Seminario Teológico Presbiteriano San Pablo de Merida, Yucatan y profesor del mismo desde el 2015 en las areas de Biblia y Teología. Pastor ordenado por la Iglesia Nacional Presbiteriana de Mexico desde el 2015 y autor del libro Post tenebras, lux: Recobrando la doctrina reformada.

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