5 Feb 2019

Objeción a la Trinidad II

Por lo tanto, ni Iglesia o Constantino inventaron la doctrina de la Trinidad. En ese concilio, la Iglesia únicamente clarificó y confirmó de forma oficial lo que las Escrituras siempre habían enseñado, a saber, que Cristo es Dios.
Por Pastor Luis Garcia

En el artículo anterior se respondió a la objeción levantada por los ateos de que la doctrina de la Trinidad es contradictoria e irracional y, por lo tanto, inaceptable. En este escrito, contestaremos la objeción de otro grupo religioso, los Testigos de Jehová, quienes se oponen al dogma de la Trinidad argumentando que es una enseñanza inventada por la iglesia cristiana. A continuación, un documento publicado en la página oficial de los Testigos de Jehová.


Mito 4: Dios es una Trinidad 

¿Cómo se creó el mito?
“Podría parecer que el dogma trinitario es, a fin de cuentas, un invento de finales del siglo IV. Y en cierto sentido, así es […]. La fórmula ‘tres Personas distintas y un solo Dios’ no se arraigó firmemente sino hasta finales del siglo IV. Y, desde luego, no llegó a ser parte integral de la vida cristiana y de su profesión de fe antes de esa fecha.” (New Catholic Encyclopedia, 1967.)

“En el Concilio de Nicea que se celebró el 20 de mayo del año 325, Constantino mismo presidió y dirigió activamente las deliberaciones. Fue él quien propuso […] la idea de que el Hijo es ‘consustancial al Padre’, fórmula fundamental con la que se describió la relación entre Cristo y Dios en el credo que allí se emitió. […] Intimidados por el emperador, los obispos —con solo dos excepciones— firmaron el credo, muchos de ellos en contra de su opinión.” (Encyclopædia Britannica, 1970.)

¿Qué dice la Biblia?
“[Esteban], lleno del Espíritu Santo, miró fijamente al cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la diestra de Dios; y dijo: ‘Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la diestra de Dios’.” (Hechos 7:55, 56, Biblia de Jerusalén Latinoamericana.) Como vemos, Esteban se llenó del espíritu santo de Dios —su fuerza activa— y vio a Jesús “de pie a la diestra de Dios”. ¿Qué nos enseña eso? Que Jesús no se convirtió en Dios después de resucitar y subir al cielo; en efecto, él es un ser espiritual diferente a su Padre. Además, el relato no indica que hubiera una tercera persona al lado de Dios. A lo largo del tiempo se han hecho muchos intentos por encontrar versículos con los que defender la Trinidad; con todo, un sacerdote dominico tuvo que reconocer: “En ningún lugar del Nuevo Testamento se encuentra la afirmación de que existen tres personas en un solo Dios” (À l’aube du christianisme: la naissance des dogmes [Los albores del cristianismo: el nacimiento de los dogmas], de Marie-Émile Boismard).

La intención de Constantino al promover este dogma era acabar con los desacuerdos que había en la Iglesia durante el siglo IV. Sin embargo, la creación de este mito generó otra cuestión: María, la mujer que dio a luz a Jesús, ¿es “la Madre de Dios”?

LA VERDAD:
La Trinidad es una doctrina inventada a finales del siglo IV.


¿Cómo respondemos a esto? ¿Es la doctrina de la Trinidad una invención humana?

Para contestar estas preguntas necesitamos saber un poco de historia de la iglesia, ya que ese conocimiento nos ayudará a saber lo que realmente pasó en aquel concilio.

  • De acuerdo a los historiadores, todo comenzó con una serie de desacuerdos teológicos entre Alejandro, obispo de Alejandría y Arrio, uno de los presbíteros (pastores) más populares de aquella ciudad. Arrio, por su parte, sostenía que el Verbo encarnado, aunque existía antes que todo el resto de la creación, no era Dios, sino que era la primera de todas las cosas creadas y, por ende, poseía también una grandeza y excelencia superior al resto de la creación. Alejandro, por su parte, creía que el Hijo de Dios era divino y, por lo tanto, eterno y si era eterno, ¡no podía haber sido creado!
  • En respuesta a la controversia, Constantino convocó a un concilio de todos los obispos. ¿Por qué? Porque Constantino pensaba que la iglesia debía ser “el cemento del Imperio”, y por tanto cualquier división en ella le parecía amenazar la unidad del Imperio (esto nos muestra que su principal razón al convocar esta reunión fue política).
  • En cuanto al lugar y la fecha, este concilio se reunió en la ciudad de Nicea en el año 325 d.C. Eusebio de Cesárea, quien era uno de los principales historiadores de aquella época, describe lo siguiente:

«Allí se reunieron los más distinguidos ministros de Dios, de Europa, Libia [es decir, África] y Asia. Una sola casa de oración, como si hubiera sido ampliada por obra de Dios, cobijaba a sirios y cilicios, fenicios y árabes, delegados de la Palestina y del Egipto, tebanos y libios, junto a los que venían de la región de Mesopotamia. Había también un obispo persa, y tampoco faltaba un escita en la asamblea. El Ponto, Galacia, Panfilia, Capadocia, Asia y Frigia enviaron a sus obispos más distinguidos, junto a los que vivían en las zonas más recónditas de Tracia, Macedonia, Acaya y el Epiro. Hasta de la misma España, uno de gran fama [Osio de Córdoba] se sentó como miembro de la gran asamblea. El obispo de la ciudad imperial [Roma] no pudo asistir debido a su avanzada edad, pero sus presbíteros lo representaron» (Vida de Constantino).

  • Puesto que Arrio no era obispo no puedo participar en las deliberaciones del concilio. Sin embargo, fue representado por el obispo Eusebio de Nicomedia, quien creía que una vez que escucharan la exposición clara de sus doctrinas, las aceptarían como correctas, y así terminaría la controversia. Para su sorpresa las cosas no tornaron como él había pensado. El respetado historiador Justo González relata la siguiente escena:

“A los gritos de “¡blasfemia!”, “¡mentira!” y “¡herejía!”, Eusebio tuvo que callar, y se nos cuenta que algunos de los presentes le arrancaron su discurso, lo hicieron pedazos y lo pisotearon. El resultado de todo esto fue que la actitud de la asamblea cambió. Mientras antes la mayoría quería tratar el caso con la mayor suavidad posible, y quizá evitar condenar a persona alguna, ahora la mayoría estaba convencida de que era necesario condenar las doctrinas expuestas por Eusebio de Nicomedia.”

  • ¿Qué fue lo que decidieron hacer? Tras un largo proceso de reflexión bíblica-teológica y de la intervención de Constantino sugiriendo que se incluyera la palabra “consubstancial” (homoousios), se llegó a lo que se conoce hoy como el Credo de Nicea, estableciendo con este documento la enseñanza bíblica sobre la relación entre el Padre y el Hijo. En este punto es importante notar que, a diferencia de como los Testigos de Jehová cuentan lo ocurrido en en ese evento, el historiador Justo González nos recuerda lo siguiente:

“Los obispos se consideraron satisfechos con este credo (incluyendo el término consubstancial), y procedieron a firmarlo, dando así a entender que era una expresión genuina de su fe. Sólo unos pocos —entre ellos Eusebio de Nicomedia— se negaron a firmarlo.”

Conclusión

Por lo tanto, ni la Iglesia o Constantino inventaron la doctrina de la Trinidad. En ese concilio, la Iglesia únicamente precisó y confirmó de forma oficial lo que las Escrituras siempre habían enseñado, a saber, que:

• en el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios (Jn.1:1).
• porque a Dios le agradó habitar en él con toda su plenitud (Col.1:19).
• de ellos son los patriarcas, y de ellos, según la naturaleza humana, nació Cristo, quien es Dios sobre todas las cosas. ¡Alabado sea por siempre! Amén (Rom.9:5).

Referencias

 

Licenciado en Sagrada Teología del Seminario Teológico Presbiteriano San Pablo de Merida, Yucatan y profesor del mismo desde el 2015 en las areas de Biblia y Teología. Pastor ordenado por la Iglesia Nacional Presbiteriana de Mexico desde el 2015 y autor del libro Post tenebras, lux: Recobrando la doctrina reformada.

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