26 Jun 2020

Leyendo Canónicamente: La Unicidad de las Escrituras

Por Lic. Victor Zaldaña

¿Alguna vez distribuiste un trabajo escolar o universitario entre muchos compañeros? Si la respuesta es un sí, probablemente te enfrentaste a la difícil tarea de intentar hacer que cada una de las contribuciones de tus compañeros “calzara” o tuviera coherencia con el resto del trabajo.

La razón por la cual en muchas ocasiones el resultado final de dicho trabajo pareciera ser un “collage” de distintos puntos de vista se debe a que (1) El grupo de trabajo esta compuesto por distintas personas con distintas mentes y distintas formas de pensar, y además (2) cada mente tiene un distinto nivel de compromiso y enfoque hacia el trabajo.

Este no es el caso cuando nos acercamos a la Biblia. La Escritura fue inspirada por Dios y por lo tanto tiene como origen una misma fuente.  Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Tim. 3:16-17).

Esto tiene grandes implicaciones en la manera como leemos la Biblia. Si todo tiene como origen una misma fuente, podemos esperar una coherencia interna entre las diversas partes en las Escrituras.

Déjame darte una ilustración, la doctrina cristiana de la creación afirma que el mundo exterior ha sido creado por Dios (Gen 1:1) pero ese mismo Dios que creó el universo también creó nuestro intelecto. Esto significa que: (1) El orden inteligible del universo refleja la mente del creador, y (2) Dado que Dios creó al ser humano a su imagen, nuestras mentes corresponden con ese orden externo. Es decir, hay una coherencia y congruencia entre la estructura del mundo y la estructura de la cognición humana. En la época medieval, los estudiosos usaban la frase “adaequatio intellectus ad rem” que significa “el intelecto se adecua a la realidad”. Esta creencia cristiana fue la semilla que posteriormente germinó en la posibilidad de hacer “ciencia” como la conocemos, ya que podíamos confiar en que había coherencia entre lo que percibimos con nuestro intelecto y el orden del universo.[1]

Esta misma idea de “coherencia” es la que trae implicaciones para la forma en que leemos las escrituras. Fue esta creencia básica la que sirvió de trasfondo para la formulación que los reformadores hicieron al decir Sacra Scriptura Sui Ipsius Interpres que significa: las Sagradas Escrituras son su propio intérprete.[2]

Con esto en mente, podemos afirmar que leer canónicamente” significa “leer estando consciente que las Escrituras dadas por Dios se complementan y tienen una coherencia interna que nos capacita para entenderla como un todo”.

«Leer canónicamente significa leer estando consciente que las escrituras dadas por Dios se complementan y tienen una coherencia interna que nos capacita para entenderla como un todo”.

Un ejemplo maravilloso de esta coherencia interna es lo que podemos considerar como “prologo y epílogo pactual”[3] que observamos tanto en el primer y último libro de la Biblia. A pesar de estar separados por miles de años de historia y haber sido escritos por dos autores diferentes (Moisés y Juan respectivamente), sabemos que la fuente es la misma, el Dios Trino.

Estos dos libros han sido diseñados para formar el mensaje de la Biblia entera. Cada promesa y pacto establecido en el libro de Génesis encuentra su cumplimiento y consumación en el libro de Apocalipsis. Esta coherencia y unidad ha sido expresada a través de una figura literaria llamado “quiasmo” el cual es una figura en donde un contenido se repite, pero de manera inversa.

Observemos como este “macro-quiasmo” abarca toda la Biblia y nos informa acerca de la coherencia de las Escrituras:

A. Creación del cielo y la tierra (Génesis 1-2)

B. Matrimonio pactual: Adán y Eva, la esposa viene al jardín-santuario del cual fluyen aguas hacia las naciones (Génesis 2)

C. La destrucción de Satanás es prometida (Génesis 3:15)

C. Cumplimiento de la destrucción de Satanás (Apocalipsis 20)

B. Matrimonio pactual: El Cordero y la novia, la novia viene a la ciudad-santuario del cual fluyen aguas hacia las naciones (Apocalipsis 21)

A. Creación de nuevos cielos y nueva tierra (Apocalipsis 21-22)

¿Observas como el epílogo (Apocalipsis) es idéntico al prólogo (Génesis) excepto que el último tiene un orden inverso? ¡Que increíble forma de comunicar la unidad de las Escrituras!

La próxima vez que abras la Biblia, pregúntate:

  1. ¿De qué manera el pasaje o la historia que estoy leyendo forma parte de toda la Escritura?
  2. Estoy teniendo ciertas dificultades para entender cierto pasaje ¿Qué me puede decir el resto de la Escritura sobre el pasaje en cuestión?
  3. ¿De qué manera el pasaje que estoy estudiando es iluminado por el resto de la Escritura?

 

Notas:

[1] Pearcey, N. (2015). Finding Truth. (Ontario, Canada: David C Cook.) p. 189

[2] Peter A. Lillback, “The Infallible Rule of Interpretation of Scripture: The hermeneutical Crisis and the Westminster Standards”, en Thy Word is Still Truth, eds. Peter A. Lillback and Richard B. Gaffin Jr., (Phillipsburg: P & R Publishing Company, 2013), 1279-1320.

[3] M. V., Van Pelt, M. V., & Duncan, J. L. (2016). A Biblical-Theological Introduction to the Old Testament. Illinois, Estados Unidos: Crossway.

Licenciado en Teología por parte de la Escuela Superior de Estudios Bíblicos y Teológicos Semper Reformanda. Escribe para «Coalición por el Evangelio» en español, Fe Reformada y Enviados México. También posee una Licenciatura en Comunicaciones Corporativas por parte de la Universidad Francisco Gavidia de El Salvador. Actualmente es miembro de la Iglesia Gracia Sobre Gracia en El Salvador y forma parte del Ministerio de Alabanza del mismo.

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