22 Mar 2020

Devocionales en Familia: Salmo 121

Por Pastor Luis Garcia

Dios, Nuestro Protector

  • Leamos la Biblia: Salmo 91

El que habita al abrigo del Altísimose acoge a la sombra del Todopoderoso. Yo le digo al Señor: «Tú eres mi refugio, mi fortaleza, el Dios en quien confío.» Sólo él puede librarte de las trampas del cazador y de mortíferas plagas, pues te cubrirá con sus plumas y bajo sus alas hallarás refugio. ¡Su verdad será tu escudo y tu baluarte! No temerás el terror de la noche, ni la flecha que vuela de día, ni la peste que acecha en las sombras ni la plaga que destruye a mediodía. Podrán caer mil a tu izquierda, y diez mil a tu derecha, pero a ti no te afectará. No tendrás más que abrir bien los ojos, para ver a los impíos recibir su merecido. Ya que has puesto al Señor por tu refugio, al Altísimo por tu protección, 10 ningún mal habrá de sobrevenirte, ninguna calamidad llegará a tu hogar.11 Porque él ordenará que sus ángeles te cuiden en todos tus caminos. 12 Con sus propias manos te levantarán para que no tropieces con piedra alguna. 13 Aplastarás al león y a la víbora; ¡hollarás fieras y serpientes! 14 «Yo lo libraré, porque él se acoge a mí; lo protegeré, porque reconoce mi nombre. 15 Él me invocará, y yo le responderé; estaré con él en momentos de angustia; lo libraré y lo llenaré de honores. 16 Lo colmaré con muchos años de vida y le haré gozar de mi salvación.»

  • Cantemos con gozo: Himno 323, “Oh cuan dulce es confiar en Cristo”

¡Oh, cuán dulce es fiar en Cristo, y entregarse todo a él;esperar en sus promesas, y en sus sendas serle fiel!

CORO: Jesucristo, Jesucristo, Ya tu amor probaste en mí; Jesucristo, Jesucristo, siempre quiero fiar en ti.

Es muy dulce fiar en Cristo y cumplir su voluntad, No dudando su palabra, Que es la luz y la verdad.

Siempre es grato fiar en Cristo, Cuando busca el corazón los tesoros celestiales de la paz y del perdón.

Siempre en ti confiar yo quiero, Mi precioso Salvador; En la vida y en la muerte, Protección me dé tu amor.

  • Reflexionemos en la Biblia: Salmo 121

1Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro?  2Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. 3No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda. 4 He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. 5Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha. 6El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche. 7Jehová te guardará de todo mal; el guardará tu alma. 8Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre.

Vivimos en un mundo caído. Esto significa, entre otras cosas, que experimentaremos situaciones de incertidumbre, confusión, y peligro. ¿Qué hacer en momentos en así?

En tiempos del salmista las naciones que rodeaban a Israel tenían una respuesta para esta pregunta: acudían al dios que mejor pudiera resolver su problema. Por supuesto, todos esos dioses, no eran más que creaciones de su imaginación. Por lo tanto, nunca recibían la ayuda que buscaban. Tristemente, muchos en la actualidad siguen haciendo lo mismo. En tiempos de adversidad buscan refugio en cualquier cosa (música, dinero, drogas, alcohol) menos en Aquel que es la verdadera fuente de fortaleza, seguridad y protección. Entonces, ¿de dónde vendrá mi socorro?, el salmista nos da la respuesta correcta: Mi socorro viene de Jehová. Pero ¿por qué de Dios y no de otras cosas o personas? La razón que el Salmo nos da es doble.

Primero, porque Dios es el creador de todo el universo (v.2). A diferencia de los ídolos de los pueblos vecinos de Israel, Jehová era el verdadero Señor, que no solamente existía como el único Dios, sino que también había hecho los cielos y la tierra con el poder su palabra. De manera que, si el Señor tiene el poder para crear todas las cosas visibles e invisibles, y estar constantemente sosteniendo su mundo en existencia, también tendrá el poder para cuidarnos, protegernos y ayudarnos en momentos de incertidumbre y peligro. En realidad, él es único que puede socórrenos.

Segundo, porque Dios mismo se presenta como el protector su pueblo. El versículo 4 y 5 lo resume de esta manera: 4 He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha. Ahora bien, es importante entender estas palabras desde su contexto original. Cuando el salmista escribe esto, él tiene en mente principalmente a los peregrinos que viajaban a Jerusalén para adorar a Dios en el templo. Esto lo sabemos porque los Salmos 120 a 134 se conocen como “cánticos de ascenso gradual”, debido a que se cantaban mientras los peregrinos subían o ascendían a Jerusalén. Esto no significa que el cuidado de Dios esté limitado a cuando salimos de nuestro hogares para ir al culto dominical. Sin embargo, sí nos enseña un punto importante: estos peregrinos no estaban buscando el peligro. Por consiguiente, este Salmo no es una promesa de que Dios nos cuidará si intencionadamente buscamos el peligro. Nuestra actitud no debe ser la de tentar al Señor. Por otro lado, es importante aclarar que en ocasiones y de acuerdo con sus sabios y eternos propósitos, Dios permitirá que el peligro nos toque, ya sea como una medida de disciplina paternal o como una prueba que fortalecerá nuestra fe. Pero más allá de esto, podemos estar seguros de que el Señor guardará [nuestra] salida y [nuestra] entrada desde ahora y para siempre (v.8).

En conclusión, este salmo es un cántico de afirmación de fe y seguridad en situaciones de las que no tenemos control. Confiemos, entonces que Dios, el creador del universo y protector de su pueblo, nos cuidará y ayudará en estos momentos difíciles.

  • Dialoguemos en grupo:

¿Cómo te ayudan estas palabras a enfrentar la pandemia del coronavirus?

¿Estas refugiándote en Dios o en algo más como tu fuente de socorro y protección?

  • Oremos en familia:

Pidamos que Dios proteja nuestras vidas del coronavirus, y si su voluntad es otra, roguemos que nos fortalezca y nos restaure.

Supliquemos que el Señor cuide a todos los que tienen que trabajar, especialmente los que laboran en el sector salud.

Licenciado en Sagrada Teología del Seminario Teológico Presbiteriano San Pablo de Merida, Yucatan y profesor del mismo desde el 2015 en las areas de Biblia y Teología. Pastor ordenado por la Iglesia Nacional Presbiteriana de Mexico desde el 2015 y autor del libro Post tenebras, lux: Recobrando la doctrina reformada.

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