20 Jun 2020

Devocionales en familia: Lucas 19:1-10

Por Pbro. Luis García

LA NUEVA VIDA DE ZAQUEO

❖ Leamos la Biblia: Lucas 19:1-10

Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad. Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura. Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí. Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador. Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que
se había perdido.

❖ Cantemos con gozo: Himno, “Sublime Gracia”

Sublime gracia del Señor que un infeliz salvó; fui ciego más hoy miro yo, perdido, y él me halló.

Su gracia me enseñó a temer, mis dudas ahuyentó; ¡oh, cuán precioso fue a mi ser, cuando él me transformó!

En los peligros o aflicción que yo he tenido aquí, su gracia siempre me libró y me guiará feliz.

Y cuando en Sión por siglos mil brillando esté cual sol, yo cantaré por siempre allí
su amor que me salvó.

❖ Reflexionemos en la Biblia: Lucas 19:1-10

Si creciste en la iglesia cristiana estoy casi seguro de que aprendiste la historia (y muy probablemente la canción) de un pequeño hombre llamado Zaqueo. ¿Recuerdas de que trataba esa narrativa? Si lo olvidaste, permíteme recordártela desde una perspectiva más profunda a la que te enseñaron cuando solo eras un niño.

Zaqueo: Un hombre traidor e idolatra

Lucas nos dice que Zaqueo era el jefe de los publicanos. En aquel tiempo los publicanos eran los encargados de recaudar los impuestos para el imperio romano. Ahora bien, el punto aquí es que estos recaudadores no eran romanos, sino los mismos judíos que voluntariamente se ponían al servicio de Roma.

Al aceptar este tipo de empleo, estos judíos le estaban dando la espalda a su propia nación, pues estaban cooperando con la opresión económica que los romanos imponían sobre sus colonias mediante los impuestos. Por esta razón, eran considerados por los demás judíos como traidores. Y como sabemos, Zaqueo no solo era un publicano, él era el jefe los recaudadores de impuestos en Jericó. Esto explica las palabras del versículo 7: “Al ver esto, todos empezaron a murmurar: Ha ido a hospedarse con un pecador.”

¿Qué habrá sido lo que motivó a Zaqueo a aceptar este puesto? La respuesta es el dinero. Esto lo sabemos porque al ofrecer este trabajo, los romanos permitían a los publicanos cobrar más de lo que estaba establecido. Es decir, tenían el apoyo del gobierno para extorsionar a las personas, y así volverse ricos.

Y precisamente esto era lo que Zaqueo anhelaba, y que había conseguido a raíz de su deshonesto trabajo (v.2). Si el dinero no hubiera sido su ídolo, no hubiera estado dispuesto a traicionar a su nación, robar a sus compatriotas y vivir bajo el rechazo y desdén de la sociedad.

Zaqueo: Un hombre transformado por Cristo

“Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso.”

No sabemos exactamente el momento en el que Zaqueo se arrepintió de sus pecados y confió únicamente en Cristo como Salvador, pero sabemos que ocurrió. Al final del relato, Zaqueo se encuentra haciendo cosas que solo pueden ser el resultado de una vida que ha sido encontrada y salvada por el Hijo del Hombre (v.10). El versículo 8 dice así: “Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.”

Estas acciones muestran que el corazón que una vez amó al dinero por encima de todo había sido transformado, de manera que ahora estaba dispuesto a restituir a los que había robado y a usar su dinero para ayudar a los pobres de su comunidad en Jericó. Ahora Zaqueo disfrutaba de una riqueza espiritual que el dinero jamás podría haber comprado. Ahora él era un hombre nuevo que en gratitud a su Salvador quería agradarlo en todo.

Sin embargo, para no dejar ninguna duda de que la gracia de Dios había tocado la vida de Zaqueo, Jesús hace el siguiente comentario: “Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”

Como podemos ver, la historia de este hombre nos muestra el poder esclavizante que ejercen los ídolos del corazón sobre una persona, pero también el poder superior que Cristo tiene para salvar a los que se habían perdido, como fue el caso de Zaqueo. Y tú, ¿ya fuiste encontrado y salvado por Cristo?

❖ Dialoguemos en grupo:

¿Estarías dispuestos a desobedecer a Dios por obtener más dinero? Si la respuesta honesta es sí, es muy probable que estés idolatrando el dinero.

De acuerdo con esta historia, ¿cómo puedes saber si el dinero no es tu ídolo?

❖ Oremos en familia:

Roguemos al Señor que perdone nuestros pecados y que sea nuestro más grande deseo aquí en el tierra.

Oremos por los que están enfermos debido al Covid-19, por sus familiares y por los médicos y enfermeros que velan por su salud.

Licenciado en Sagrada Teología del Seminario Teológico Presbiteriano San Pablo de Merida, Yucatan y profesor del mismo desde el 2015 en las areas de Biblia y Teología. Pastor ordenado por la Iglesia Nacional Presbiteriana de Mexico desde el 2015 y autor del libro Post tenebras, lux: Recobrando la doctrina reformada. Puedes seguir su contenido en https://www.facebook.com/SoliDeoGloria8/

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