18 Jul 2020

Devocionales en familia: Juan 3:1-15

Por Pbro. Luis García

UNA NOCHE DE GRAN ENSEÑANZA

Leamos la Biblia: Juan 3:1-15 RV60

Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Cantemos con gozo: Himno, “A su nombre gloria”

Junto a la cruz do murió el Salvador, por mis pecados clamaba al Señor.
¡Que maravilla, Jesús me salvó! ¡A su nombre gloria!

Coro: ¡A su nombre gloria! ¡A su nombre gloria! ¡Que maravilla, Jesús me salvó
¡A su nombre gloria!

Junto a la cruz recibí el perdón; limpio en su sangre es mi corazón;
Llena es mi alma de gozo y paz. ¡A su nombre gloria!

Junto a la cruz hay el manantial de agua de vida, cual puro cristal;
Jesús en ella apagó mi sed. ¡A su nombre gloria!

Reflexionemos en la Biblia: Juan 3:1-15

El encuentro que el apóstol Juan registra en su evangelio entre Nicodemo y el Señor Jesús, es uno de los más importantes del Nuevo Testamento. Esto se debe al tema del que hablaron en aquella noche, a saber, el nuevo nacimiento. Y aunque Juan no nos ofrece muchos datos biográficos de Nicodemo, nos presenta los suficientes para darnos cuenta del por qué Jesús decidió enseñarle sobre este tema en particular.

¿Quién era Nicodemo?

Lo único que Juan nos dice sobre su identidad es que era “un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos… y maestro de Israel (v.1, 10). Con estas palabras, Juan nos muestra tres datos biográficos de Nicodemo.

  • El primero tiene que ver con su religión, en este caso, el fariseísmo.
  • El segundo habla sobre su posición en la sociedad. La expresión “principal entre los judíos” nos enseña que Nicodemo no era cualquier fariseo; era de aquel grupo de fariseos que pertenecía al Sanedrín, que era el cuerpo gobernante de la comunidad judía. En otras palabras, era un líder político y religioso del pueblo de Israel.
  • Lo tercero que nos muestra Juan sobre Nicodemo es su profesión, es decir, era un maestro o rabino dentro de la comunidad de Jerusalén.

Ahora bien, ¿qué era lo que una persona con estas credenciales creía y practicaba para que Jesús, de todos los temas posibles, le enseñara sobre el nuevo nacimiento? Lo más característico de esta clase de personas era su creencia de que la vida eterna se podía obtener mediante un apego estricto a la ley de Dios. En otras palabras, los fariseos intentaban entrar al reino de Dios por medio de sus obras de obediencia. ¿Qué tiene que ver esto con el tema del nuevo nacimiento?

La enseñanza de Jesús

Conociendo el corazón farisaico de Nicodemo, Jesús le deja en claro dos enseñanzas cruciales:

  • La primera es que nadie, no importando su religión, posición política, o profesión, puede entrar al reino de Dios (i.e. recibir la vida eterna) sin antes experimentar un nuevo nacimiento (v.3). Y para que Nicodemo no mal interpretara estas palabras, y comenzara a pensar que Cristo le estaba diciendo que él debía buscar la manera de producir ese nuevo nacimiento, en los versículos 5-8, el Señor le explica que este nacimiento espiritual (que quita la ceguera del corazón y lo capacita para entender y aceptar el evangelio) no es algo que el hombre pueda hacer, sino algo que recibe soberanamente de arriba, es decir, del Espíritu Santo. “El viento, [le dijo Jesús] sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (v.8).

En ese momento, sin embargo, Nicodemo no entendió estas palabras (v.9-10). Es entonces, que Jesús le presenta una segunda enseñanza.

  • “Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (v.14-15). Con estas palabras, Jesús le enseña a Nicodemo que la razón por la que hay esperanza de disfrutar de la vida eterna o del reino de Dios es porque el Hijo del hombre ha descendido del cielo para ser levantado y morir en una cruz. En otras palabras, la base y fundamento de la salvación es la obra que Cristo había venido a hacer por su pueblo y no las obras de obediencia que cualquier ser humano pudiera realizar.

Hoy, también hay muchas personas que como Nicodemo, viven intentando ganarse el reino de Dios mediante sus obras. A ellos es importante señalarles que jamás podrán lograrlo, ya que se requiere de algo que es imposible que puedan hacer por sus propias fuerzas, esto es, nacer del Espíritu Santo.

¿Qué pasó con Nicodemo?

El evangelio de Juan no nos relata la respuesta que dio Nicodemo tras las últimas palabras de Jesús. Es muy probable que en ese momento no haya pasado nada en su corazón. Sin embargo, parece ser que en algún punto de su vida, el Espíritu Santo sí sopló vida espiritual a su corazón muerto en pecado (i.e. el nuevo nacimiento), en virtud del cual pudo confiar en Jesús como el verdadero Cristo. Esto explicaría muy bien por qué al final de este evangelio, Nicodemo aparece ayudando con la sepultura de Jesús. Juan escribe: “También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, llegó con unos treinta y cuatro kilos de una mezcla de mirra y áloe. Ambos tomaron el cuerpo de Jesús y, conforme a la costumbre judía de dar sepultura, lo envolvieron en vendas con las especias aromáticas” (19:39-40). 

Y como ocurrió con él, oramos también para que, si aún no conoces a Jesús, el Señor te haga nacer del Espíritu, dándote un nuevo corazón para que puedas creer en Cristo como único salvador, y entonces recibas la vida eterna.

Dialoguemos en grupo:

¿Conoces a alguien que esté intentando entrar al reino de Dios mediante sus obras?

¿Le has hablado del nuevo nacimiento?

Oremos en familia:

Roguemos al Señor que perdone nuestros pecados y que nos ayude a serle fiel.

Pidamos para que Dios salve a nuestros familiares que aun no han nacido del Espíritu Santo.

Oremos por los que están enfermos debido al Covid-19, por sus familiares y por los médicos y enfermeros que velan por su salud.

Licenciado en Sagrada Teología del Seminario Teológico Presbiteriano San Pablo de Merida, Yucatan y profesor del mismo desde el 2015 en las areas de Biblia y Teología. Pastor ordenado por la Iglesia Nacional Presbiteriana de Mexico desde el 2015 y autor del libro Post tenebras, lux: Recobrando la doctrina reformada. Puedes seguir su contenido en https://www.facebook.com/SoliDeoGloria8/

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