12 Dic 2019

Algo de Historia: La Madre de Dios

Por Dr. J. Alberto Paredes

Theotokos

¿De dónde viene y qué significa?

María, La Madre de Dios. ¿Alguna vez has escuchado que se refieran a María, madre terrenal de Jesucristo, como la «Madre de Dios»? ¿Te has sentido incómodo con el término? ¿Sabes de dónde viene? La realidad es que éste es un término es mucho más antiguo de lo que podríamos pensar. Tiene su origen en el concilio de Éfeso en el año 431 d.C. Sin embargo, es una consecuencia directa de lo que sucedió en Nicea más de cien años antes.

Entre finales del siglo tercero e inicios del siglo cuarto, existió un maestro dentro de la Iglesia llamado Arrio. Él enseñaba que el Cristo, aquél a quien el apóstol Juan llamaba el Logos (Jn 1:1), o la Palabra, había sido la primera criatura que Dios había hecho; y que después de él, y a través de él, el resto de la creación había sido formada. Arrio creía que Cristo, al ser una criatura, no era verdaderamente eterno junto con el Padre, sino creado por el Padre eterno. Y aunque consideraba que Jesucristo era mayor que cualquier otro ser humano creado, creía que, por el hecho de haber sido creado, y haber tenido un inicio, era necesariamente menor que el Padre; de una sustancia similar, pero no igual en deidad.

La iglesia respondió en el año 325 d.C., cuando el emperador Constantino convocó un concilio donde, entre otras cosas, establecerían cuál era la postura oficial de la Iglesia respecto a la persona de Cristo. De allí surgió el Credo Niceno, el cual hace énfasis en presentar que Jesucristo no es simplemente un hombre más, sino que posee dos naturalezas, una humana y una divina, que fue [eternamente] engendrado por el Padre y comparte la misma esencia que el Padre. Es decir, quedó claro que la Iglesia creía (y hasta ahora sostenemos) que Cristo es verdaderamente hombre, y verdaderamente Dios.

Años más tarde, en Éfeso, otro concilio tomó lugar. En este concilio, acerca de quién era María, el debate estaba en si debía ser llamada Christotokos Madre de Cristo, o bien Theotokos es decir, Madre de Dios.

Aunque esta discusión podría parecer innecesaria en nuestros días, y en un sentido podríamos decir: «ambas!» La realidad era mucho más compleja que eso. La pregunta real, de nuevo, era acerca de la persona de Cristo. Quienes abogaban por Christotokos, deseaban enfatizar más la humanidad de Jesucristo, sin arriesgarse a decir que Cristo era Dios. Por otro lado, quienes abogaban por el término Theotokos, madre de Dios, deseaban reafirmar aquello que se había declarado como ortodoxia en el Credo Niceno: que Cristo era verdaderamente Dios, y al mismo tiempo era verdaderamente hombre.

En este sentido, cuando nuestro deseo es afirmar ambas naturalezas con un sólo término, la palabra Theotokos, Madre de Dios, es un excelente recurso. ¿Por qué? Al decir que tuvo una madre estamos enfatizando la naturaleza humana de Jesús. Verdaderamente él nació y fue vulnerable, creció y fue criado y educado por una madre humana. Sin embargo, esta madre no fue madre de cualquier niño común y corriente. Fue madre de Dios. Y en este sentido, se enfatiza su naturaleza divina, coeterna, y de la misma gloria que el Padre.

Finalmente, Theotokos, Madre de Dios, fue aceptado como término dogma para referirse a María. Es interesante, por ejemplo, que la rama Oriental Ortodoxa de la Fe Cristiana, hasta el día de hoy hace uso del término, y en las imágenes en las que María aparece, no aparece jamás sin Jesús al lado. Esto nos recuerda, que aunque el tema de discusión en Éfeso fue con qué nombre se reconocería a María, es evidente que el centro de la conversación ¡era Jesucristo mismo!

Médico graduado de la Universidad Anáhuac Mayab. Director y Fundador de Enviados México. Estudiante de Maestrías en Divinidades y en Estudios Teológicos del Seminario Teológico Reformado de Charlotte, Carolina del Norte. Ha publicado entradas en otros ministerios como Dios es Santo; y artículos oficiales en el Christian Research Institute. Pasión creciente por la Palabra, y pasión por su país. Promoviendo la Reforma en México, Por Su Gracia…Para su Gloria.

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