El Bueno, el Malo, y el Feo

El Dólar, el Peso, y COVID-19

Confiando en Dios en Tiempos Difíciles

Con la pandemia sobre nosotros, el dólar amaneció hoy a veinticuatro pesos. En pocas palabras, lo que esto muestra es que la economía mexicana, que ya venía amenazando con una desestabilización, finalmente cedió ante la realidad. Debido al COVID-19 muchas personas no pueden salir a trabajar, se cancelan viajes, eventos, y en general la economía prácticamente se congela. Esto preocupa a muchas personas que, de cierta forma, dependen de su producción e ingresos diarios para sobrevivir, para mantener sus ahorros, o para seguir creciendo económicamente. Esta situación nos deja pensando, si me permiten ponerlo de este modo, en lo bueno que es el dólar, lo malo que es el peso mexicano, y lo feo de este virus.

Ahora bien, como creyentes, mientras todos al rededor parecen hundirse en la desesperación, nosotros tenemos una gran oportunidad: ser luz en medio de la oscuridad. Mientras muchas personas confían en el dinero, nosotros podemos confiar en el Dios que provee este recurso. Mientras muchos confían en su trabajo, nosotros confiamos en el Señor que nos permite trabajar. Mientras muchos se desesperan, nosotros tenemos esperanza. Pero más aún, tenemos la responsabilidad de compartir esta esperanza con otros. A continuación dejo tres maneras bíblicas de hacer precisamente esto, ser luz en medio de esta temporada de oscuridad.

Recuerda el Pacto

1Oh Dios, ¿por qué nos has rechazado para siempre?
¿Por qué se enciende tu ira contra las ovejas de tu prado?
Acuérdate de tu congregación, la que adquiriste desde los tiempos antiguos,
la que redimiste para que sea la tribu de tu heredad,
y de este monte Sión donde has habitado. […]

12Con todo, Dios es mi rey desde la antigüedad,

el que hace obras de salvación en medio de la tierra.
13 Tú dividiste el mar con tu poder;
quebraste las cabezas de los monstruos en las aguas.
14 Tú aplastaste las cabezas de Leviatán;
lo diste por comida a los moradores del desierto.
15 Tú abriste fuentes y torrentes;
tú secaste ríos inagotables. […]

20 Mira el pacto, Señor,
porque los lugares tenebrosos de la tierra están llenos de moradas de violencia.
21 No vuelva avergonzado el oprimido;
alaben tu nombre el afligido y el necesitado.

22 Levántate, oh Dios, defiende tu causa […]

Salmo 74 LBLA (énfasis agregado)

Nuestro Dios es un Dios de pactos. Es un Dios fiel que no rompe sus promesas. Muchos de los Salmos nos muestran al salmista clamando a Dios en medio de la tormenta. Es verdad que es justo y válido preguntarnos por qué Dios permite tal o cual cosa, sin cuestionar su soberanía ni su autoridad. Es válido estremecerse con lo que está sucediendo. Lo que es más, es válido comunicar todo esto que sentimos a nuestro Padre Celestial. Sin embargo, la manera en la que esto sucede en los salmos es sorprendente. El salmista tiende a recordar las misericordias de Dios, con base en el pacto que Él ha hecho para con su pueblo. Es decir, el salmista recuerda las veces que Dios ha provisto salvación en medio de los problemas y lo asocia con el hecho de que Dios es un Dios fiel, que ama a su pueblo y que provee salvación y seguridad.

Así también nosotros estamos llamados, en medio de la tribulación y la inestabilidad, a recordar el pacto, a recordar que nuestro Dios es un Dios fiel, grande en misericordia, y cuya gloria se manifiesta proveyendo salvación y seguridad para los suyos.

Confía en Dios

Este tipo de pensamiento y esta forma de enfrentar las aflicciones tiene una consecuencia natural. Lejos de ir a nuestro ahorros, lejos de depender de nuestro trabajo, lejos de participar de la desesperación colectiva que abunda en la sociedad, el hijo de Dios confía plenamente en su Padre Celestial. No digo que el trabajo, los ahorros y la empatía social sean malos. La Palabra nos llama a trabajar siempre que sea posible (2 Tes. 3:6-12), a ahorrar y administrar bien nuestras finanzas (Pr. 6:6-8), y aún a llorar con los que lloran (Ro. 12:15b). Lo que estoy diciendo es que no es en estas cosas que nuestra esperanza reside. Nuestra esperanza irá más allá, trascenderá las cuestiones materiales, y nos hará ver a Aquel que nos provee en primer lugar de todas estas bendiciones. Sin olvidar la importancia del sustento diario, nuestra esperanza estará en Aquel que está a cargo del sustento de su pueblo, y no en el sustento mismo. La oración del Padre Nuestro no nos enseña a orarle al pan de cada día, sino a orarle a Dios por el pan de cada día (Mt. 6:11). Jesús nos enseña a buscar primeramente el reino de Dios, y a confiar en que todo lo demás será añadido (Mt. 6:33).

Nuevamente, en los salmos, tenemos un buen ejemplo del salmista derramando su corazón afligido delante del Señor, mientras al mismo tiempo confía en Dios e invoca su Santo Nombre como refugio y roca de salvación.

1 ¡Sálvame! Oh Dios, por tu nombre,
y hazme justicia con tu poder.
Escucha mi oración, oh Dios,
presta oído a las palabras de mi boca.
Porque extraños se han levantado contra mí,
y hombres violentos buscan mi vida;
no han puesto a Dios delante de sí. (Selah)

He aquí, Dios es el que me ayuda;
el Señor es el que sostiene mi alma.
Él devolverá el mal a mis enemigos;
destrúyelos por tu fidelidad.

Voluntariamente sacrificaré a ti;
alabaré tu nombre, oh Señor, porque es bueno.
Porque Él me ha librado de toda angustia,
y mis ojos han visto a mis enemigos derrotados.

Salmo 54 LBLA (énfasis agregado)

Ayuda a Otros

Al recordar el pacto que el Dios fiel ha hecho con sus hijos, y confiar plenamente en Él, los hijos de Dios están capacitados para hacer una tercera cosa; algo que realmente, en este tiempo nos separará del resto como un pueblo santo, escogido por Dios (1 Pe. 2:9), para ser luz en medio de tinieblas (Fil. 2:15). Recordar el pacto y confiar en Dios nos capacita para ayudar a otros.

En medio de un tiempo donde cada quien está viendo por sus propios intereses, donde las personas compran más papel higiénico del que necesitan, y más gel antibacterial del que pueden utilizar, los cristianos estamos llamados a dar. Estamos llamados a dar esperanza, a dar amor, a proveer recursos si es necesario, a proveer medicinas, alimentos para nuestros hermanos menos favorecidos, a orar unos por otros, a estar pendientes unos de otros. Estamos llamados a animarnos entre nosotros, a llevar a otros al conocimiento y la adoración de un Dios Santo y Soberano, que tiene todo bajo control.

Busca a tus vecinos, ofréceles ayuda, pregúntales cómo puedes orar por ellos. Comunícate con los diáconos de tu iglesia si consideras que pueden ayudar en una obra de misericordia. Se pro-activo en ayudar a las personas a tu alrededor.

Finalmente, esta temporada oscura proveerá quizá las mejores oportunidades en mucho tiempo para dar aquello que nos hace más ricos que a cualquier otra persona del mundo: el evangelio. Este es un tiempo adecuado para hablar a otros de la esperanza eterna que tenemos en Cristo, y el por qué no estamos desesperados en medio de la situación. Sí, el dólar está incomparable, el peso tremendamente devaluado, el COVID-19 a nuestro al rededor, no habrá trabajo en mucho tiempo, las circunstancias a nuestro alrededor son difíciles.

1 ¡Aleluya!
Alabad el nombre del Señor;
Alabadle, siervos del Señor,
los que estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios.
¡Aleluya!, porque el Señor es bueno;
cantad alabanzas a su nombre, porque es agradable.
Porque el Señor ha escogido a Jacob para sí,
a Israel para posesión suya.

Porque yo sé que el Señor es grande,
y que nuestro Señor está sobre todos los dioses.
Todo cuanto el Señor quiere, lo hace,
en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos.
Él hace subir las nubes desde los extremos de la tierra,
hace los relámpagos para la lluvia
y saca el viento de sus depósitos.

Hirió a los primogénitos de Egipto,
tanto de hombre como de animal.
Envió señales y prodigios en medio de ti, oh Egipto,
sobre Faraón y todos sus siervos.
10 Hirió a muchas naciones
y mató a reyes poderosos;
11 a Sehón, rey de los amorreos,
a Og, rey de Basán,
y a todos los reinos de Canaán;
12 y dio sus tierras en herencia,
en herencia a Israel su pueblo.
13 Tu nombre, Señor, es eterno;
tu memoria, Señor, por todas las generaciones.
14 Porque el Señor juzgará a su pueblo,
y tendrá compasión de sus siervos.
15 Los ídolos de las naciones son plata y oro,
obra de manos de hombre.
16 Tienen boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
17 tienen oídos, y no oyen;
tampoco hay aliento en su boca.
18 Los que los hacen serán semejantes a ellos,
sí, todos los que en ellos confían.

19 Oh casa de Israel, bendecid al Señor;
oh casa de Aarón, bendecid al Señor;
20 oh casa de Leví, bendecid al Señor;
los que teméis al Señor, bendecid al Señor.
21 Bendito desde Sión sea el Señor,
quien mora en Jerusalén.
¡Aleluya!

Salmo 135 LBLA

 

En definitiva, este es el tiempo perfecto para brillar en este mundo de tinieblas con la luz del evangelio, y alumbrar a otros con la Palabra de Verdad. A quienes somos sus Hijos, Dios no ha mostrado ya de lo que es capaz. Con todo su poder, el no fue inmune a nuestro dolor cuando estábamos muertos en nuestros delitos y pecados (Ef. 2:1). El Padre nos envió a su Hijo. El Hijo se despojó de sí mismo y se hizo como uno de nosotros. Juntos, han enviado a su Santo Espíritu para sostenernos. La Palabra nos recuerda que ya hemos recibido toda bendición espiritual (Ef. 1:3), y que nos encontramos ya, hoy mismo, sentados en los lugares celestiales en Cristo (Ef. 2:6). ¿Qué más podemos pedir? ¿Qué más nos hace falta en realidad? En Cristo lo tenemos todo. Acordándonos de quién es Dios y lo que ha hecho, podemos confiar en Él en medio de tiempos difíciles, y ayudar a otros a hacer lo mismo.

Escrito por Dr. J. Alberto Paredes

Médico graduado de la Universidad Anáhuac Mayab. Director y Fundador de Enviados México. Estudiante de Maestrías en Divinidades y en Estudios Teológicos del Seminario Teológico Reformado de Charlotte, Carolina del Norte. Ha publicado entradas en otros ministerios como Dios es Santo; y artículos oficiales en el Christian Research Institute. Pasión creciente por la Palabra, y pasión por su país. Promoviendo la Reforma en México, Por Su Gracia...Para su Gloria.

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