Salmodia y Westminster: Algunas Consideraciones

Presbiterianos Sin Westminster

¿Eran los Teólogos de Westminster Salmodia Exclusiva?

Hasta ahora, hemos revisado la evidencia histórica para sostener que nuestros hermanos, pertenecientes a la comunidad del pacto, tanto en el antiguo como en el nuevo testamento,  además de los padres de la iglesia y nuestros hermanos de la Edad Media, incluían cantos aparte de aquellos salmos canónicos en sus reuniones públicas de adoración. ¿Qué hay de la reforma protestante? Puedo decir con confianza que no hubo un acuerdo sobre la adoración en general, mucho menos sobre la salmodia exclusiva. Lutero compuso himnos y le encantaba la música. Juan Calvino cantaba el Credo Apostólico y los 10 Mandamientos, uno no inspirado, y el otro no davídico. Ulrico Zwinglio (en Suiza), fue quizá quien se acercó más a la salmodia exclusiva, sin embargo, no lo hizo a partir de una exégesis bíblica, sino como respuesta a un contexto histórico de una adoración idólatra y deteriorada. En fin, el siguiente gran paso sobre la adoración, verdaderamente lo dieron los teólogos de Westminster.

El capítulo 21 de la Confesión dice lo siguiente en su sección quinta:

La lectura de las Escrituras con temor reverencial; la sólida predicación, y el escuchar conscientemente la palabra, en obediencia a Dios, con entendimiento, fe y reverencia; el cantar salmos con gracia en el corazón; y también la debida administración y la recepción digna de los sacramentos instituidos por Cristo; todas estas cosas son parte de la adoración religiosa ordinaria a Dios; y además, los juramentos religiosos, los votos, los ayunos solemnes, y las acciones de gracias en ocasiones especiales, han de usarse, en sus tiempos respectivos, de una manera santa y religiosa. [Énfasis agregado.]

“—Allí está. Cantar salmos. Si deseamos ser presbiterianos entonces nosotros cantamos sólo salmos. Lo dice Westminster. Fin.”

—No necesariamente. Hay dos observaciones que me gustaría hacer en este punto:

  1. Por lo menos en algún punto de la historia, se pudo ser presbiteriano sin apegarse a los estándares de Westminster. Por otro lado, apegarte a Westminster no te hace presbiteriano.
  2. El uso de la palabra salmos en este texto no necesariamente quiere decir salmos de David.

¿Presbiterianismo Sin Westminster?

Sobre lo primero, antes de que mis hermanos presbiterianos (o westminsterianos) me excomulguen, permítanme explicarme. Cuando digo que uno puede ser presbiteriano sin apegarse a los estándares de Westminster y que apegarte a Westminster no te hace presbiteriano, me estoy refiriendo al contexto histórico en el que la Asamblea de Westminster se dio. Es decir, Westminster, originalmente se hizo para re-reformar (o terminar de reformar) a la iglesia en Inglaterra; que antes de la reforma era católica, y luego pasó a ser anglicana, pero muchas de las prácticas católicas se quedaron allí. Por ende, Westminster no es, históricamente, un documento principalmente presbiteriano en su conformación. En cambio, los estándares de Westminster son, de hecho, documentos multi-‘denominacionales’ si se quiere, en su naturaleza histórica. Participaron anglicanos, puritanos, congregacionalistas, y también algunos presbiterianos sobretodo del contingente escocés que fue invitado con la intención de unificar las prácticas religiosas entre Inglaterra y Escocia.

Ahora bien, estos presbiterianos que participaron en la creación de Westminster, ya eran presbiterianos, así que decir que para que seas presbiteriano debes apegarte a los estándares de Westminster, por muy hermoso que suene, es una declaración anacrónica. No le es fiel a la historia. ¿Cómo se apegaron los presbiterianos que participaron en Westminster a la Confesión de Fe de Westminster si los estándares de Westminster no habían sido escritos? ¿No eran presbiterianos entonces? John Knox, padre del presbiterianismo, ¿murió sin ser presbiteriano?

Esto por supuesto es absurdo. Por otro lado, aquellos que no eran presbiterianos no se convirtieron en presbiterianos al terminar los documentos de Westminster. Muchos continuaron como puritanos, otros como congregacionalistas, y otros como anglicanos. En este sentido, Westminster es el producto de muchísimos varones de Dios (con muchos puntos de vista distintos) que deseaban ser fieles a la Palabra y producir un documento que pudiera unir las iglesias de Inglaterra y Escocia. ¿Lo lograron? Sí y no. El estado inglés jamás adoptó los estándares de Westminster, sin embargo, lo que lograron producir es una de las mejores sumas teológicas de toda la historia de la cristiandad.

Esto es lo que quiero decir: no debemos buscar adherirnos a los estándares de Westminster porque somos presbiterianos, debemos buscar adherirnos porque son un reflejo de la enseñanza bíblica. Esto va a implicar que, si en algún punto un documento de Westminster parece estar distante a la adecuada interpretación bíblica, debemos rechazarlo aunque nos duela en lo más profundo de nuestra tradición. (Se los dice un presbiteriano con todas sus letras).

El presbiterianismo es un nombre que se le da a una iglesia con un determinado sistema de gobierno, que desea apegarse a la verdad de la Escritura, y que además hoy, también cree en la verdad detrás de estos estándares como una cuestión secundaria sub-editada a la Palabra de Dios. Esto es lo que significó ser presbiteriano después de Westminster, nada más y nada menos.

No debemos buscar adherirnos a los estándares de Westminster porque somos presbiterianos, debemos buscar adherirnos porque son un reflejo de la enseñanza bíblica.

Establecer esto es importante puesto que, últimamente, y casi como una respuesta al liberalismo lamentable que vivimos en las iglesias y círculos teológicos, ha surgido un grupo que pretende responder con un radicalismo inaceptable. Los más moderados dirán que quienes no se apegan al 100% a la CFW no pueden llamarse presbiterianos; los más radicales, buscarán convencernos de que no apegarse al artículo expuesto previamente (CFW XXI.5) es ofrecer fuego extraño delante del Señor. Lo más triste es que, un documento cuyo propósito fue llamar a la unidad, esté ahora, por falta de sabiduría, prudencia y entendimiento, siendo causa de división.

Mi propuesta es que, es más presbiteriano quien se da a la tarea de comprender el espíritu de la confesión que la letra misma; porque comparte con el presbitermanismo histórico, antes, durante y después de Westminster, la tarea de la correcta interpretación de la Escritura, y no sigue la confesión como un libro de instrucciones sin comprender todo lo que hay detrás. Y aún si no fuera esto cierto, o compartido por otras personas, la realidad es que el llamado es a hacer discípulos, no necesariamente a hacer presbiterianos. El presbiterianismo, me parece, tiene una correcta concepción del evangelio, pero nunca debemos olvidar que el presbiterianismo no es el evangelio.

El presbiterianismo, me parece, tiene una correcta concepción del evangelio, pero nunca debemos olvidar que el presbiterianismo no es el evangelio.

Habiendo dicho esto, aún así creo que el capítulo XXI de Westminster está en lo correcto cuando habla de cantar salmos con gracia. ¿Por qué? Porque no creo que se refiera únicamente a los salmos de David. Aclaro, no estoy diciendo que no se refiera a los salmos de David, sino que no se refiere exclusivamente a los salmos de David. Y entre esas dos premisas hay una gran diferencia.

En el siguiente artículo, tomaremos al toro por los cuernos. Tomaremos las evidencias históricas que tenemos, a donde sea que estas nos lleven, para saber qué es lo que los teólogos de Westminster quisieron decir con esta frase. Y si no son exclusivamente salmos de David, por qué es que no lo aclararon.

Escrito por Dr. J. Alberto Paredes

Médico graduado de la Universidad Anáhuac Mayab. Director y Fundador de Enviados México. Estudiante de Maestrías en Divinidades y en Estudios Teológicos del Seminario Teológico Reformado de Charlotte, Carolina del Norte. Ha publicado entradas en otros ministerios como Dios es Santo; y artículos oficiales en el Christian Research Institute. Pasión creciente por la Palabra, y pasión por su país. Promoviendo la Reforma en México, Por Su Gracia...Para su Gloria.

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