Los Cánticos en el Adoración Pública I

¿Qué debemos cantar en el culto público?

El libro de Génesis nos deja en claro que el ser humano fue creado por Dios y para magnificar la gloria de Dios. Como acertadamente ha escrito el teólogo reformado Hughes Oliphant Old, “adoramos a Dios porque Dios nos creó para adorarlo. La adoración está en el centro de nuestra existencia, en el centro de nuestra razón de ser. Dios nos creó para ser su imagen, una imagen que reflejara su gloria.”[1]

 ¿Significa esto que los creyentes pueden decidir subjetivamente la clase de actividades, actitudes, pensamientos, motivaciones y afectos que deben realizar y tener en su adoración a Dios tanto en su diario vivir (algunos llaman a esto adoración en el sentido amplio) como en la adoración comunitaria? (algunos llaman a esta práctica adoración en el sentido estricto). ¿Será que Dios dejó al ser humano sin alguna instrucción sobre cómo era que él deseaba que se le adorara?

De ninguna manera. El Señor en su sabiduría nos ha dejado su infalible, suficiente y autoritaria Palabra (i.e. la Biblia) para mostrar y guiarnos hacia la clase de vida que quiere que llevemos día a día como también hacia las cosas que requiere que su pueblo haga al momento de reunirse como iglesia para exaltarlo. Por ejemplo, en Éxodo 20:1-11 encontramos de manera general las normas fundamentales que deben regir al creyente en su encuentro con Dios durante el culto público y en los versículos 12-17 aquellas que ha de seguir en su adoración cotidiana.

Respecto al culto, el versículo 3 comienza llamando al pueblo a ofrecer al Dios Trino, la adoración, la devoción y el amor más ferviente y profundo que solo él merece. Los versículos 4-6 exhortan a los creyentes a rendir adoración “bajo ninguna representación visible [imágenes] o en ningún otro modo no prescrito en las Santas Escrituras” (CFW, cap.21, art.1). El versículo 7 enseña al pueblo a acercarse con una actitud sincera y reverencial ante su santo nombre y los versos 8-11 llaman a los creyentes a reunirse en un día específico, (ahora el domingo) para ofrecerle al Señor adoración en comunidad.[2]

Los versículos 12-17 enseñan a la Iglesia como ha de adorar en un sentido amplio en este mundo lleno de maldad, que de acuerdo con el Nuevo Testamento podemos resumirlo en amor. Es decir, amor y sometimiento a las autoridades en la familia, el gobierno y la iglesia, amor a la vida del prójimo, amor y respeto al matrimonio, amor y respeto a las pertenencias del prójimo, amor por la verdad, en fin, “ama a tu prójimo como a ti mismo” (Mt.22:39).

Interesantemente, el versículo 2 de Éxodo 20 nos muestra la razón y la motivación por la que podemos y debemos adorar al Señor del pacto tanto en el culto como en el diario vivir. Moisés escribe: “Yo soy el Señor tu Dios. Yo te saqué de Egipto, del país donde eras esclavo.” En otras palabras, el pueblo del pacto adora porque ya ha sido redimido de la esclavitud del pecado y está gozosamente agradecido por esa salvación. Si olvidamos esta parte de la adoración estaremos expuestos a caer en un legalismo soteriológico o en un externalismo religioso.

Como podemos ver, Dios nos ha dejado en los Diez Mandamientos un buen resumen de la clase de adoración que requiere de su pueblo. Por supuesto, los diferentes contextos en los que vivamos significarán una aplicación distinta de estas inmutables leyes morales, lo que se traducirá en una adoración, tanto en el sentido amplio como en el estricto, fiel al mandato divino pero con una tenor aplicativo diferente. Y así debe ser, de lo contrario, seríamos un pueblo de robots y no un pueblo de toda lengua, tribu y nación que ofrecen su vida como un “sacrificio vivo, santo y agradable a Dios” (Rom.12:1).

La adoración en el culto público

Aunque sería bueno seguir desarrollando lo que Dios nos dice sobre la adoración en el sentido amplio a la par con el sentido estricto (ya que son dos aspectos que van de la mano), en este ensayo nos limitaremos a explicar únicamente la adoración en el sentido estricto, particularmente explorando de forma teológica y exegética un elemento de la adoración en el culto, a saber, los cánticos.

Para lograr esto es importante recordar del artículo introductorio los elementos fundamentales y ordinarios que Dios ordena que estén presentes en cada culto cristiano, los cuales son:

  1. Leer la Biblia
  2. Orar la Biblia
  3. Cantar la Biblia
  4. Predicar la Biblia
  5. Ver la Biblia en los sacramentos

Ahora bien, cuando nos detenemos a pensar sobre el canto congregacional es necesario preguntarnos si en el culto público estamos autorizados por Dios para cantar canciones de composición humana pero con contenido bíblico y sana doctrina o si estamos llamados por el Señor a cantar únicamente lo que se conoce como el salterio de Israel, es decir, los Salmos. La razón de estas preguntas se debe a una pequeña, pero reciente ola de creyentes hispanos que están enseñando que en el culto cristiano solo deben cantarse los Salmos canónicos (i.e. Salmodia Exclusiva) y que el no hacerlo significa que estamos pecando contra Dios. Pero ¿qué dice la Biblia al respecto?

Los cánticos en Israel

Es imposible hablar sobre los cantos que Israel entonaba a Dios sin mencionar el libro de los Salmos. Por esta razón, es menester que empecemos observando algunas generalidades de este importante libro veterotestamentario.

  1. Los títulos que aparecen en la mayoría de los Salmos no forman parte de texto canónico. A diferencia del contenido de los Salmos, estos títulos no fueron inspirados por Dios. La mejor forma de entender el valor de estos títulos es siguiendo el consejo del erudito Edward J. Young, quien solía argumentar que los títulos en realidad reflejaban una tradición temprana confiable.[3] Por cierto, esta es la postura oficial de la mayoría de los eruditos veterotestamentarios.  
  2. Los 150 salmos que tenemos en nuestras biblias no fueron escritos en un tiempo específico de la historia de Israel, sino durante un largo periodo que va desde Moisés (Sal.90) hasta el periodo del postexílio (Sal.126). Lo que significa que es una extensión de tiempo de aproximadamente mil años.
    • Durante todo el periodo de revelación veterotestamentaria el Salterio fue un libro abierto y dinámico. Esto quiere decir que “nuevos salmos fueron constantemente añadidos. Estas adiciones, sin embargo, no fueron incluidas sistemáticamente a la colección (por lo que podemos ver la evidencia interna).”[4] Es decir, los nuevos Salmos fueron añadidos de forma intercalada en el libro y no simplemente agregados al final.
  3. El Salterio fue compilado en su versión final (tal y como aparece en nuestras biblias) en el periodo postexílico; época en la que los judíos no tenían un rey propio sino que eran gobernados por algún poder extranjero. Esto es importante porque nos muestra otro aspecto del contexto histórico que debemos considerar al interpretar los Salmos, el cual consiste en lo siguiente: los editores postexílicos de los Salmos los agruparon en su versión definitiva bajo el entendimiento de una esperanza mesiánica. Como acertadamente comenta el erudito veterotestamentario Gordon Wellham “no fue una innovación de los cristianos ver los Salmos cristológicamente, los judíos 300 años antes de Cristo ya veían los Salmos anunciando la venida de un nuevo David, un nuevo Mesías.”[5] Esto le da al Salterio un toque escatológico cumplido en Jesucristo.
  4. Los Salmos eran el himnario del Antiguo Testamento. Longman, un erudito bíblico, confirma esta idea al decir que los Salmos “sin lugar a duda, se usaron en el culto público (1 Cro.16:7; Sal.120-134; 63:2-3) y privado de los israelitas devotos (1 Sam. 1:12-14; 2:1-11).”[6] Ahora bien, esto no significa necesariamente que fuera la única fuente de cánticos culticos o privados de Israel, ya que la historia extrabíblica nos muestra la presencia de otros cánticos dentro del culto público que no eran los Salmos canónicos. Si esta parte de la historia de la liturgia judía es correcta, entonces debemos decir que los Salmos eran “el” himnario de Israel, más no los únicos cantos que legítimamente se podían entonar entre el pueblo de Dios para exaltarlo por su santidad y maravillosas obras. [7]
  5. La naturaleza históricamente ambigua o no específica del contenido de los Salmos hizo que éstos pudieran ser “relevantes para Israel… e inmediatamente aplicables a nuevas situaciones de bendición y maldición” [8] tanto en la adoración comunitaria como en la adoración privada.[9]

Implicaciones

Como podemos ver, el libro de los Salmos no era cualquier libro para el pueblo de Dios en la antigua dispensación. Era, en términos de adoración pública y privada, el más importante y autoritativo por cuanto era de inspiración divina. ¿Significa esto que el Salterio era el único vehículo para cantar u orar a Dios? De ninguna manera. La evidencia histórica nos apunta que el Salterio no era la única fuente legítima para alabar a Dios. Pero más allá de la evidencia de la historia, Éxodo 15 claramente nos muestran un culto público en el que Moisés dirigió alabanzas a Dios en presencia de toda el pueblo usando un canto solemne más no inspirados. Esto nos enseña entonces que el canto no inspirado también formó parte de la experiencia del culto público (y no solo del privado).

Ahora bien, alguien podría argumentar que lo que el profeta y siervo Moisés cantó eran palabras inspiradas, de lo contrario, no estarían en la Biblia. Esta objeción, sin embargo, carece de entendimiento sobre la manera en que la Biblia fue escrita, es decir, sobre la naturaleza de la revelación e inspiración divina.

En primer lugar, que Moisés por ser profeta diga, cante, ore o enseñe algo no significa automáticamente que lo hizo porque Dios se lo reveló o porque estuviera bajo la inspiración del Espíritu Santo. Afirmar esto, no tiene sustento bíblico (explícito ni implícito) y rompe con el lema profético del A.T. que en esencia dice: “vino a mi palabra de Jehová diciendo.”

Y en segundo lugar, lo que fue inspirado, en este caso escrito por el mismo Moisés que ahora sí gozaba de estar bajo inspiración divina, fue el registro o la información posterior de ese evento cultico, lo que significa que fue a partir de ese momento que ese registro formó parte de la revelación del A.T. y no antes. Es también a partir de ese momento que podemos ver en esos cantos sombras autoritativas e infalibles que nos apunten a Cristo, mas no antes. Negar esto, nos llevaría a decir que cuando la serpiente habló o cualquier otra persona (profeta, sacerdote, o rey), habló bajo inspiración divina, pues de lo contrario, sus palabras no aparecerían en las Escrituras. No obstante, ningún teólogo serio diría tal cosa, ¿por qué entonces decir esto del evento donde Moisés y otros personajes bíblicos cantaron a Dios?

Otra implicación de los puntos sobre los Salmos es su contenido históricamente no específico. Este rasgo del Salterio nos abre la puerta para que la Iglesia de hoy use los Salmos tanto en oración como en cántico al adorar a Dios en privado como en la asamblea pública los domingos. Como se dijo en otro artículo, el problema que la Iglesia enfrenta hoy es que ha dejado de cantar los Salmos reemplazándolos por composiciones, muchas veces, contrarias a la enseñanza de las Escrituras. Esto importante enfatizar, ya que al oponernos al la Salmodia Exclusiva, no nos estamos oponiendo a los Salmos dentro de la adoración privada y publica del creyente.

En el siguiente artículo continuaremos abordando este tema de los cánticos que el pueblo entonaba en el A.T. para luego observar los cánticos con los que adoraban a Dios en la época neotestamentaria.


[1] Old Hughes, O. (2002). Worship Reformed According to Scriptures (p.1). Louisville, KY: Westminster John Knox Press.

[2] Puedes encontrar un exposición similar en el libro de Hughes Old, Worship Reformed According to Scriptures.

[3] Young, E. J. (1949). Introduction to the Old Testament (p. 301). Grand Rapids: Eerdmans. 

[4] Longman, T. (1988). How to Read the Psalms (p. 43). Downers Grove, IL: IVP Academic; Inter-Varsity Press.

[5] Entrevista hecha al Wellham que puede ser encontrada en: https://www.desiringgod.org/interviews/the-role-of-the-psalms-in-the-life-of-the-church

[6] Longman, T. (1988). How to Read the Psalms (p. 46). Downers Grove, IL: IVP Academic; Inter-Varsity Press.

[7] Ver el artículo sobre la historia de la Salmodia en el culto de Israel.

[8] Longman, T. (1988). How to Read the Psalms (p. 49). Downers Grove, IL: IVP Academic; Inter-Varsity Press.

[9] A partir de aquí utilizaré la frase “adoración privada” como otra forma para hablar de la adoración en el sentido amplio o del diario vivir.

Escrito por Pastor Luis Garcia

Licenciado en Sagrada Teología del Seminario Teológico Presbiteriano San Pablo de Merida, Yucatan y profesor del mismo desde el 2015 en las areas de Biblia y Teología. Pastor ordenado por la Iglesia Nacional Presbiteriana de Mexico desde el 2015 y autor del libro Post tenebras, lux: Recobrando la doctrina reformada.

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