Historia de la Iglesia (siglo XVII)

¿Te has preguntado lo que sucedió en la Iglesia un siglo después del inicio de la Reforma Protestante o cuáles fueron los nuevos desafíos que enfrentaron durante el siglo XVII? Si no lo has hecho, a continuación encontrarás una breve respuesta.

La guerra de los treinta años

A pesar de la Paz de Augsburgo, tratado que les garantizaba a los príncipes protestantes el derecho a su religión, por mucho tiempo continuó habiendo encuentros y combates entre protestantes y católicos.

Por fin, la guerra abierta comenzó en Bohemia (ubicada en la actual República Checa), tras el episodio que se conoce como “la defenestración de Praga” de 1618. En esta guerra, los daneses intervinieron también en defensa de los protestantes, y tras cruentas batallas solamente se llegó a una tregua que no satisfizo a nadie.

Poco después, los suecos invadieron Alemania bajo el hábil mando de su rey Gustavo Adolfo. Este logró importantes triunfos para los protestantes, pero murió en el campo de batalla.

Por fin, la Guerra de los Treinta Años terminó con la Paz de Westfalia en 1648. Este tratado garantizaba la libertad religiosa, aunque únicamente para católicos, luteranos y reformados.

Francia

Sin embargo, Richelieu, el ministro de Luis XIII, no podía tolerar la existencia dentro de Francia de baluartes protestantes. Ello llevó de nuevo a otra guerra religiosa, que culminó en el sitio de La Rochelle, el último lugar de refugio protestante.

El próximo rey, Luis XIV, le puso fin a la tolerancia religiosa mediante el Edicto de Fontainebleu de 1685, el cual prohibía el protestantismo en Francia. A pesar de ello, el protestantismo continuó existiendo ahí, en lo que se llamó “la iglesia del desierto”.

Inglaterra

Debido a que la reina Isabel murió sin dejar descendencia, su sucesor fue su primo Jaime, quien ya era Rey de Escocia. Bajo Jaime y bajo su hijo Carlos I, hubo cada vez mayor descontento con la política religiosa oficial.

Durante ese periodo hubo algunos miembros de la Iglesia de Inglaterra que deseaban una reforma más radical en su culto y orden que lo prescrito en el Acta de Uniformidad de 1559. Estos miembros recibieron el nombre de puritanos e insistían en una iglesia purificada de todo lo que no fuera bíblico. Por esa razón, atacaban las ceremonias supersticiosas y la organización diocesana. Además, luchaban por la paridad de los ministros, la disciplina parroquial, mejor predicación y un reclutamiento más enérgico para el ministerio. Los puritanos fueron encontrando cada vez más apoyo en el Parlamento, quien convocó la Asamblea de Westminster, cuya Confesión de 1647 vino a ser documento fundamental de la ortodoxia calvinista.

Discusiones teológicas de aquella época

Las discusiones entre católicos giraron en torno a la autoridad del papa (galicanismo, febronianismo, josefismo), y a la relación entre la gracia y la participación humana en la salvación (jansenismo y quietismo).

En el luteranismo surgieron varias controversias entre los seguidores de Melanchthon, sucesor de Lutero y los luteranos más estrictos. Incluso después de la elaboración de la Fórmula de Concordia, que es el sistema oficial de doctrina de los luteranos, las discusiones teológicas continuaron.

La ortodoxia reformada centró su atención en temas como la predestinación y la gracia. Sus dos puntos culminantes fueron el Sínodo de Dordrecht (o de Dort 1618–19) y la Asamblea de Westminster. El primero condenó el arminianismo, doctrina que enseña una participación demasiada activa de parte del hombre en el orden de la salvación, distorsionando la doctrina de la gracia soberana de Dios. El segundo documento, la Confesión de Fe de Westminster, ofreció un sistema doctrinal para las iglesias reformadas.

El racionalismo

Una de las reacciones a la ortodoxia estricta de los católicos, luteranos y calvinistas, y al daño obvio que estaba causando, fue el auge del racionalismo. Aunque tuvo precedentes mucho antes, se puede decir que el racionalismo comenzó con la obra de Renato Descartes, y su intento de aplicarle los principios matemáticos a la búsqueda de la verdad.

En el continente europeo, Spinoza y Leibniz le dieron mayor ímpetu. En Gran Bretaña, tomó la forma, primero, del empirismo de Locke, y luego del deísmo. En Francia, llevó a la Ilustración, que a su vez sirvió de base ideológica para la Revolución Francesa. Hacia el final del período, con las críticas primero de Hume y luego de Kant, comenzó a verse que la “razón” no era tan objetiva como se pensaba.

El Pietismo y otros movimientos

Entre los luteranos surgió un reacción al ortodoxia luterana llamada el pietismo. Sus grandes voces fueron Felipe Jacobo Spener y Augusto Germán Francke. Ambos insistían en un despertar y avivamiento de la piedad personal, a base de pequeños grupos y de una disciplina espiritual. El movimiento, atacado por los luteranos ortodoxos, logró su mayor expresión en el movimiento misionero, del cual los ortodoxos no se ocupaban.

El metodismo, fundado por Juan Wesley y su hermano Carlos, fue originalmente un movimiento dentro de la Iglesia de Inglaterra, de la cual no deseaba separarse. Como el pietismo alemán, insistía en la fe personal, fomentada en pequeños grupos. A la postre se separó de la Iglesia de Inglaterra. Creció principalmente entre las masas que sufrían las consecuencias de la Revolución Industrial, que tuvo lugar en Inglaterra antes que en el resto de Europa.

Otros, descontentos tanto con la ortodoxia como con el pietismo, siguieron la opción espiritualista y se dedicaron a buscar a Dios, no ya en la iglesia o la comunidad de creyentes, sino en la vida interna y privada. Entre estos se destaca, primero, Jacobo Boehme (murió 1624), quien insistía en que, teniendo el Espíritu Santo, no era necesario medio físico alguno —ni siquiera la Biblia. Jorge Fox insistía en la “luz interior”, y la contraponía a la supuesta autoridad de la iglesia. De su obra salió el movimiento cuáquero. Su más distinguido seguidor fue Guillermo Penn, el fundador de Pennsylvania.

Otros, en fin, decidieron abandonar Europa y partir hacia lugares donde esperaban establecer una nueva sociedad regida por los principios que ellos consideraban esenciales al evangelio, y que a veces incluían la intolerancia hacia cualquiera posición distinta de la de ellos. Este fue el origen de las colonias británicas en Nueva Inglaterra.

Como podemos ver, cien años después de la Reforma Protestante la Iglesia enfrentó fuertes guerras por parte de los católicos que no querían darles o respetarles su derecho a la libertad de religión. Experimentó también consolidación doctrinal. Los luteranos en su Fórmula de Concordia y los reformados o calvinistas en los Cánones de Dort y los Estándares de Westminster. Sin embargo, muchos vieron en esa consolidación doctrinal una ortodoxia muerta; un intelectualismo que dejaba a un lado la vida práctica del creyente. Entre ellos se encontraron los pietistas, los metodistas y los cuáqueros todos los cuales pusieron un énfasis no en la doctrina, sino en la piedad, fe y vida espiritual.

¿Piensas que debemos escoger un enfoque a expensas de otro? Si somos honestos el cristianismo debe tener todos estos enfoques en un adecuado y bíblico equilibrio, es decir, debe tener una sana doctrina (ortodoxia), una vida de santidad (ortopráxis) y emociones que glorifiquen a Dios (ortopatía). Así que, hagamos la diferencia.

Referencias

González J.L. (1995) Bosquejo de Historia de La Iglesia. Decatur, GA: Asociación para la Educación Teológica Hispana.

Escrito por Pastor Luis Garcia

Licenciado en Sagrada Teología del Seminario Teológico Presbiteriano San Pablo de Merida, Yucatan y profesor del mismo desde el 2015 en las areas de Biblia y Teología. Pastor ordenado por la Iglesia Nacional Presbiteriana de Mexico desde el 2015 y autor del libro Post tenebras, lux: Recobrando la doctrina reformada.

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