Disciplina Eclesiástica: Destructores de la Iglesia

En primer lugar, vimos las situaciones cotidianas que observa Mateo 18. Después vimos el triste caso de los pecados escandalosos y evidentes dentro del cuerpo de Cristo. Ahora, en tercer lugar, tenemos un camino especial a seguir para los que causan divisiones en la iglesia, quebrando o destruyendo así el cuerpo de la novia de nuestro Señor.

Principios Particulares: Destructores de la Iglesia

Para hablar de esto debemos recordar que las palabras de Pablo son claras en 1 Corintios, hablando justamente a la iglesia y sobre las divisiones en la iglesia, escribe lo siguiente:

¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?  Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el templo de Dios es santo, y eso es lo que vosotros sois.

1 Corintios 3:16-17 LBLA

Las palabras de Pablo hacen eco de las palabras de Moisés a Aarón:

Esto es lo que el Señor habló, diciendo: “Como santo seré tratado por los que se acercan a mí, y en presencia de todo el pueblo seré honrado.”

Levítico 10:3 LBLA

No podemos separar la disciplina de la iglesia de la santidad de Dios. Y para aquellos que están destruyendo la iglesia mediante divisiones, Dios hace una promesa especial: Él los destruirá. Esto nos debería hacer temblar de terror, pero también actuar de forma consecuente. Pablo en esa ocasión estaba dando una amonestación para quienes estaban destruyendo la iglesia de ese modo, pero ¿qué sucede después?

Pablo responde esta pregunta más adelante en su carta pastoral a su hijo en la fe, Tito:

Al hombre que cause divisiones, después de la primera y segunda amonestación, deséchalo, sabiendo que el tal es perverso y peca, habiéndose condenado a sí mismo.

Tito 3:10-11 LBLA

A quién esté causando divisiones, adviértele un par de veces de la promesa que ha hecho Dios para este tipo de pecado, si persiste, deséchalo. La palabra original en el griego es la palabra paraiteomai. La cual es una palabra compuesta por el prefijo para, que quiere decir, lado, fuera, aparte de (que no forma parte de algo); y el verbo aiteo que quiere decir, pedir, exigir, llamar. Lo que la palabra quiere decir es simplemente rechazar a la persona que causa divisiones en la iglesia. Exigirle que se aparte de la comunidad.

Imaginémonos esta escena: mientras más cerca de la iglesia esté tal persona, más cerca caerá el juicio de Dios y la promesa de destrucción. El apóstol le advierte a Tito: si hay quienes estén dividiendo a la iglesia, sepáralos de la congregación, apártalos, deséchalos, recházalos, no sea que el juicio de Dios los alcance a ustedes también…

Toda esta noción de la santidad de Dios y de su iglesia, y de la severidad del pecado de quienes causan divisiones, es similar al caso de los falsos maestros presentado por la epístola general de Judas:

Pero vosotros, amados, acordaos de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo, quienes os decían: En los últimos tiempos habrá burladores que irán tras sus propias pasiones impías. Estos son los que causan divisiones; individuos mundanos que no tienen el Espíritu. Pero vosotros, amados, edificándoos en vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando ansiosamente la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna. Y tened misericordia de algunos que dudan; a otros, salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por la carne.

Judas 17-23 LBLA

Es bien interesante que la manera de tener misericordia de estas personas es aborreciendo aún la ropa contaminada con su carne. Una expresión que refleja y secunda el mandato en el caso de Corinto. A quienes causen divisiones, no debemos recibir, sino para llamarlos al arrepentimiento y la fe en Cristo Jesús, pues como manifiestan los falsos maestros en Judas, no tienen el Espíritu.

Nuestro último caso es quizá el más triste de todos. ¿Qué debemos haces cuando un líder está viviendo en pecado? Esto trataremos en el siguiente artículo.

Escrito por Dr. J. Alberto Paredes

Médico graduado de la Universidad Anáhuac Mayab. Director y Fundador de Enviados México. Estudiante de Maestrías en Divinidades y en Estudios Teológicos del Seminario Teológico Reformado de Charlotte, Carolina del Norte. Ha publicado entradas en otros ministerios como Dios es Santo; y artículos oficiales en el Christian Research Institute. Pasión creciente por la Palabra, y pasión por su país. Promoviendo la Reforma en México, Por Su Gracia...Para su Gloria.

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