Historia de la Iglesia (los primeros maestros)

Hasta ahora hemos visto que la persecución que la Iglesia sufrió durante los inicios de su historia dio como resultado a los primeros mártires y también que las acusaciones y críticas que se levantaron contra la Iglesia produjeron a los primeros apologistas. En este artículo hablaremos sobre un tercer acontecimiento que dio como resultado a los primeros maestros o teólogos de la Iglesia. Me refiero a los movimientos heréticos de los primeros siglos.

Movimientos heréticos 

El crecimiento de la Iglesia trajo a personas con toda clase de trasfondo religioso, y esto a su vez dio lugar a diversas interpretaciones del cristianismo. Aunque en la iglesia había existido siempre cierta diversidad teológica, pronto se vio que algunas de esas interpretaciones tergiversaban la fe, de tal modo que amenazaban el centro mismo del mensaje cristiano. A esas doctrinas se les dio el nombre de herejías. A continuación, algunas de ellas.

  1. Gnosticismo: este movimiento herético sostenía que todo lo que fuese materia era necesaria o inherentemente malo. Por ejemplo, creían que el hombre era un espíritu eterno encarcelado en un cuerpo del maldad. Por eso, el fin del gnosticismo era, mediante un conocimiento o “gnosis” especial, escapar de ese cuerpo y de este mundo material y ascender al plano espiritual. A esta liberación ellos la llamaban la salvación. Muchos de ellos incluso castigaban su cuerpo con el fin de debilitar el poder la carne sobre el espíritu. Ahora bien, cuando esta herejía invadió a la Iglesia algunos “cristianos” comenzaron a negar la buena creación de Dios, la encarnación del Hijo, y la resurrección del cuerpo, ya que el gnosticismo no podía aceptar que el Dios supremo creara la materia que en sí misma es mala, resucitara los cuerpos ni mucho menos que ese Dios se hiciera hombre. Ademas, esta herejía hizo que muchos vieran la salvación solo como una liberación del mundo material por medio de la adquisición de un conocimiento especial y secreto de Cristo y no como una liberación del poder del pecado por medio de la fe en la persona y obra de Jesucristo.
  2. Marcionismo: este movimiento herético fue fundado por Marción el cual, al igual que los gnósticos, negaba que un Dios bueno pudiera haber hecho este mundo material. También, enseñaba que Jehová era un ser inferior (i.e. Demiurgo) y no el Dios del N.T. Por ejemplo, decía que mientras Jehová es vengativo y cruel, el verdadero y supremo Dios, el del N.T. es amante y perdonador. Por esta creencia de que no son el mismo Dios, rechazó rotundamente el Antiguo Testamento, e hizo una nueva lista (canon) de libros que él consideraba inspirados. Por supuesto, quito el A.T. y toda referencia de él que se encontraba en el N.T.
  3. Montanismo: este movimiento, fundado por Montano, afirmaba que con ellos había comenzado una nueva era. Hort ha resumido las características del montanismo de la siguiente manera: Primero, tenían una fe fuerte en el Espíritu Santo como el Paracleto prometido, segundo, creían que el Espíritu Santo se estaba manifestando a sí mismo en forma sobrenatural en ese tiempo por medio de profetas y profetizas en trance inaugurando así, una nueva era entre ellos y tercero, creían y vivían bajo una norma austera y estricta de moralidad y disciplina cristianas. El problema principal con este movimiento herético era que al afirmar que con ellos se estaba iniciando una nueva etapa, estaban disminuyendo o menospreciando la importancia de los acontecimientos del Nuevo Testamento y haciendo que el Evangelio no fuera sino una etapa más en la historia de la salvación que había terminado con esta nueva era que con ellos había comenzado.

Las respuestas contra los movimientos heréticos 

  • El canon: Ante el reto del canon de Marción, la Iglesia se vio en necesidad de compilar una lista de libros sagrados. Tal lista no se hizo de modo formal, es decir, no hubo una reunión o concilio para determinarla, sino que poco a poco se fue formando un consenso dentro de la Iglesia sobre cuales libros eran inspirados por Dios. (En el siguiente artículo puedes encontrar más información sobre el tema del Canon: Objeciones a la Biblia II). Algunos libros que habían sido usados por algunas iglesias locales cayeron en desuso y no se incluyeron en el Nuevo Testamento mientras que otros, pronto lograron aceptación general. De manera que, a fines del siglo segundo la mayor parte del Nuevo Testamento había venido a formar parte de las Escrituras de todas las iglesias cristianas, es decir, los cuatro Evangelios, Hechos y las epístolas paulinas. Los libros restantes fueron discutidos por algún tiempo más antes de ser oficialmente reconocidos. Para el año 397 d.C. todas las iglesias cristianas tenían el Canon tal y como lo conocemos ahora con 27 libros.
  • El credo: Probablemente fue en Roma que primero apareció la fórmula que, tras alguna elaboración, vino a ser el Credo Apostólico. En esa época se le llamaba “símbolo de la fe,” ya que era un medio para reconocer a aquellos cristianos que sostenían la verdadera fe en medio de toda aquella agitación de doctrinas que pretendían ser verdaderas. Este símbolo se usaba en el bautismo cuando se le hacían al candidato tres preguntas:
    • ¿Crees en Dios Padre Todopoderoso? (Sí…)
    • ¿Crees en Cristo Jesús, el Hijo de Dios, que nació del Espíritu Santo y de María la virgen, que fue crucificado bajo Poncio Pilato, y murió, y se levantó de nuevo al tercer día, vivo de entre los muertos, y ascendió al cielo, y se sentó a la diestra del Padre, y vendrá a juzgar a los vivos y los muertos? (Sí…)
    • ¿Crees en el Espíritu Santo, la santa iglesia, y la resurrección de la carne? (Sí…)

Un aspecto clave de este “símbolo de la fe” es que su contenido tenía el propósito de rechazar las doctrinas de los gnósticos y, sobre todo, de Marción.

  • Sucesión apostólica: Frente al gnosticismo que decía tener una doctrina secreta    que sólo ellos conocían, la Iglesia respondió señalando hacia su doctrina, la cual había sido abierta y no secretamente enseñada por todos (sucesión) desde la época de los apóstoles (apostólica). Y en relación con aquellas pretensiones de los herejes de que sus enseñanzas se basaban sobre los secretos de tal o cual apóstol, la Iglesia apelaba a la doctrina universal enseñada por todos los apóstoles.
  • El título iglesia católica: Debido a los herejes, la Iglesia del siglo segundo también comenzó a darse el título de “católica”. Lo que esto quería decir era, en primer lugar, que se trataba de la iglesia universal. No era, como en el caso de los gnósticos, algún pequeño grupo surgido en Roma o en Alejandría, que se limitaba a unos pocos lugares. Era la iglesia que existía tanto en Roma como en Alejandría, Antioquía, Jerusalén y aun hasta los confines del Imperio. Y, en lo esencial de su doctrina, esa iglesia concordaba. Por otra parte, esa iglesia era también “católica” por cuanto predicaba y enseñaba el evangelio “según el todo.” Es decir, la Iglesia basaría su autoridad, no sobre algún apóstol, sino sobre todos los apóstoles y sobre los cuatro evangelios.

El historiador Justo González comenta que fueron todos estos elementos los que produjeron una Iglesia más organizada, y con doctrinas y prácticas más definidas.

Maestros de la Iglesia

¿Cuales fueron algunos de los teólogos que surgieron para enseñar a la Iglesia durante todos estos movimientos heréticos?

  1. Ireneo. Este maestro era oriundo de Esmirna, donde nació alrededor del año 130 d.C. y donde fue también discípulo del obispo Policarpo. Ireneo fue el defensor de la doctrina tradicional de la iglesia y un pastor que se preocupó porque la sana doctrina prevaleciera en su iglesia. Es probablemente Ireneo quien más se acerca al espíritu original del evangelio. Algunas de sus obras fueron “contra las herejías,” y “el origen del mal.”
  2. Clemente de Alejandría. Este teólogo era de Atenas donde nació alrededor del 150 d.C. Él fue más pensador que pastor y, aunque se ocupó de defender la fe frente a los paganos, su verdadera preocupación estaba en descubrir los secretos más elevados de Dios y de su creación. Algunas de sus obras fueron “exhortación a los griegos” y el “pedagogo.”
  3. Tertuliano. Este maestro de la fe cristiana nació en Cartago alrededor del año 150 d.C. Pero fue en Roma que se convirtió al cristianismo. Tertuliano fue también defensor de la doctrina tradicional; pero su contexto en el área de la jurisprudencia le llevó a la larga a romper con la misma Iglesia que pretendía defender. Una de sus obras fue “prescripción contra los herejes.” Interesantemente, fue quien primero empleó la fórmula “una substancia, tres personas” para referirse a la Trinidad, y también quien primero habló de la encarnación en términos de “una persona, dos substancias”.

Como te habrás dado cuenta, la Iglesia respondió ante los retos que se le presentaron. ¿Dirías que la Iglesia de hoy está haciendo lo mismo? ¿Ves al pueblo de Dios ofreciendo soluciones bíblicas a los desafíos culturales, filosóficos y religiosos que respiramos en la actualidad? Muy poco, diría. Por eso, te animo a levantarte y dar respuestas bíblicas a los diferentes retos contemporáneos. Dios nos ayude.

Referencias

González, J. L. (1995). Bosquejo de historia de la iglesia. Decatur, GA: Asociación para la Educación Teológica Hispana.

González, J.L. (2003). Historia Del Cristianismo: Miami, FL: Editorial Unilit. 

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