Celebrando el Amor

Ágape vs Eros : ¿Qué estamos celebrando?

Se acerca el 14 de febrero, famoso día del amor y la amistad. Los anuncios, los productos, y el ambiente nos llaman a celebrar el amor. Las rosas, chocolates y globos en forma de corazón abundan en las calles, las plazas, las tiendas y restaurantes. La realidad es que, de manera práctica, el día se centra prácticamente en las parejas de amantes y enamorados.

Creo que, como cristianos, es necesario hacer una pausa y aprovechar la oportunidad para hacernos una pregunta tremendamente importante…

¿Qué es el amor? 

Quizá esta pregunta pueda parecer muy filosófica para algunos. Para otros, tal vez sea muy obvia. Para mí, no es tan sencilla. Recordemos, todo lo que veremos a continuación, lo haremos a la luz de lo que se encuentra escrito en la Santa Palabra de Dios, ya que ella es verdaderamente nuestra única regla de fe y práctica.

Para esto, debemos tener en cuenta que el idioma original en el que el Nuevo Testamento (que es donde se encuentran los textos que revisaremos) fue escrito, fue el Griego Koiné Griego Común del primer siglo. Para los griegos, existían principalmente cuatro tipos diferentes de amor: el Storgé, el Philia, el Eros y el Ágape.

El Storgé hace referencia, sobre todo, al amor que nace naturalmente de un lazo familiar, como el amor que existe entre hermanos, o el de un padre por su hijo. El Philia tiene que ver más con el amor fraternal entre dos personas que no son de la misma familia natural, pero se aman como hermanos. Esta es la palabra para amor que se usa, por ejemplo, cuando se describe el amor que Jesús tenía por Lázaro en Juan 11:3. Estos dos podemos dejarlos de lado para conservar la brevedad del artículo, y así concetrarnos en los últimos dos.

Y es que, el Eros por su parte, es de prestar especial atención pues es que conocemos como amor “romántico”. El Eros se representa más por la pasión y el deseo, por el éxtasis y el placer, y es aprobado por la Palabra de Dios únicamente dentro del contexto del matrimonio. Pero debemos concentrarnos especialmente en él, porque es de este amor que nos habla el mundo cuando “celebra el día amor” el 14 de febrero. Por último, tenemos el amor Ágape. Este tipo de amor se encuentra descrito minuciosamente en 1 Corintios 13, el famoso capítulo del amor. 

Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. 

 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.

1 Corintios 13:1-8 RV60

Cada vez que la palabra amor aparece en este pasaje la palabra griega utilizada es precisamente ágape. Reconociendo que no haré un mejor trabajo que Pablo al definir el amor, pero con el deseo de resumir lo que él escribe inspirado por el Espíritu Santo, estoy convencido que podríamos definir el amor ágape de la siguiente manera:

            El amor [ágape] es el fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5:20) en aquellos en los que Él reside, que se caracteriza por buscar el bien del prójimo por encima del bien personal (1 Corintios 13:4-7), por su permanencia eterna (1 Corintios 13:8), y por ser una condición necesaria para calificar una obra como verdaderamente buena (1 Corintios 13:1-3). 

¿Cuál es Más Grande?

Todo lo anterior es muy interesante, pero es simplemente un contexto para responder una pregunta más importante aún. Si vamos a celebrar el día del amor, debemos responder a la pregunta: ¿qué amor es más grande? ¿Cuál amor es el que debemos estar celebrando y cómo? ¿El Eros que nos vende el mundo, o el Ágape que nos marca la Palabra de Dios? 

Evidentemente conocemos la respuesta, pero es importante que analicemos aún lo obvio a la luz de la Escritura. Para esto, he elegido un texto que me parece especialmente interesante. Y me parece así, porque habla al mismo tiempos del amor entre una pareja de casados, y el amor entre Cristo y su iglesia. 

Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.

Efesios 5:25-27 RV60

Y podríamos pensar que cuando se habla del amor en este matrimonio utilizaría el término philia, pues a fin de cuentas no eran familia cuando se enamoraron y se casaron. O bien, podríamos suponer que, una vez casados y ya siendo familia, storge sería el término adecuado. Quizá, si esto no nos parece, eros podría resultarnos más atractivo, al final, es evidente que por lo menos tuvieron que haber tenido una noche de bodas (romántica y apasionada) el día matrimonio.

Ni la una, ni la otra, ni la otra más tampoco. El término que se utiliza para que los esposos amen a sus esposas es exactamente el mismo término que se utiliza para describir el amor que Cristo tuvo por la iglesia: ágape.

¿Y por qué esto es importante? Bueno, en primer lugar, es importante porque el hecho que se hable de amor ágape en el contexto de matrimonio no niega rotundamente la existencia de los otros tipos de amor en una relación entre un hombre y una mujer para la gloria de Dios. Definitivamente, antes de que comience una relación matrimonial, debió haber un amor de tipo philia, quizá comenzando con el bello romanticismo del eros, hasta llegar a desarrollar también el storge después de unos meses de matrimonio. Estoy seguro de que todos esos tipos de amor se encuentran en una sana relación. Sin embargo, todos están debajo y deben obedecer al amor ágape

Y, considerando lo anterior, es importante también porque en ello se manifiesta cuál es el amor perfecto, el amor verdadero, el amor que viene de Dios, y que Dios espera y manda que manifestemos en nuestras relaciones. 

Existe otro texto importante donde también se usa ágapecada vez que se menciona la palabra amor, y que da testimonio de este último argumento:

Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. 

En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. 

En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. 

Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.

1 Juan 4:7-11 RV60

¿Qué Hacemos con Esto?

  1. Evalua. En primer lugar, debemos evaluar nuestra condición espiritual. Pues si es necesaria la intervención del Espíritu Santo para manifestar el amor ágape del que nos habla la Escritura, entonces debemos cerciorarnos de tener la condición necesaria para ello. Debemos asegurarnos de haber entendido, creído, y experimentado el amor que llevó al Padre a entregar a su Hijo Único en propiciación por nuestros pecados. Tenemos que ser transformados por la profunda hermosura del amor ágape, que hizo que el Hijo cargara nuestra culpa, nuestro pecado, y nuestras consecuencias, y que le hizo entregar su vida perfecta a favor de sus elegidos, sus amados. Es necesario que el Espíritu Santo traiga nueva vida a nuestros corazones, pues sólo así comenzaremos a comprender la belleza de este amor. 
  2. Comparte. Debemos compartir las preciosas noticias del evangelio con las personas a nuestro alrededor. Debemos invitar a otros, por el poder del Espíritu Santo, a experimentar este precioso amor manifestado por el Padre en la persona del Hijo. Parte de la belleza de este amor ágape, es que no se limita a los enamorados. No tienes que estar casado para compartirlo. Dios llama a casados y solteros por igual a amarse como Dios nos ha amado, y a compartir las noticias del amor de Cristo con otros. El amor mostrado en el evangelio nos libera de las limitaciones del eros, y nos permite probar las delicias de un amor más perfecto y más grande, con Dios y con los otros. 
  3. Celebra. Finalmente, no sólo el 14 de febrero, sino el 15 y el 16, y los 365 días del año, es nuestro deber celebrar este gran amor con el que hemos sido amados, amándonos unos a otros y dando gracias y gloria a Dios en todo lo que hacemos. 

Las flores, los corazones y los chocolates no tienen nada de malo en sí mismos, sin embargo, se quedan infinitamente cortos cuando de hablar de amor se trata. El creyente que limita su entendimiento del amor al eros que el mundo celebra el 14 de febrero, se pierde de las profundas maravillas que el amor ágape de Dios tiene para sus hijos.

El amor que celebramos como creyentes no se expresa con cartas, rosas y chocolates. Se manifestó de la manera más sublime cuando la sangre del Inocente fue derramada por pecadores. Cuando el justo pagó por los injustos. Lo celebramos cada que compartimos esta preciosa verdad. Lo celebramos en cada aspecto de nuestra vida. Lo celebramos los domingos en los cultos de adoración, y cuando tomamos gozosos la comunión. Lo celebramos con cantos, con himnos, con salmos y oraciones. Lo celebramos dentro y fuera del templo. Lo celebramos sometiéndonos a la Palabra De Dios, estudiándola, meditando en ella y reflejando a Cristo.

Verdaderamente, en términos bíblicos, es el amor ágape el que debe caracterizar la vida de un hijo de Dios, tanto en sus relaciones matrimoniales (románticas), como en sus relaciones personales fuera del matrimonio.

Disfrutemos este amor tan grande que Dios tiene para nosotros en Cristo para todo aquél que se arrepiente de su pecado y está dispuesto a someterse a Él. Evaluemos nuestra situación espiritual, compartamos las noticias de este amor, y celebremos el amor, pero no solamente el eros, celebremos el amor ágape, todos los días.

Escrito por Dr. J. Alberto Paredes

Médico graduado de la Universidad Anáhuac Mayab. Director y Fundador de Enviados México. Estudiante de Maestrías en Divinidades y en Estudios Teológicos del Seminario Teológico Reformado de Charlotte, Carolina del Norte. Ha publicado entradas en otros ministerios como Dios es Santo; y artículos oficiales en el Christian Research Institute. Pasión creciente por la Palabra, y pasión por su país. Promoviendo la Reforma en México, Por Su Gracia...Para su Gloria.

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