Objeción al Exclusivismo Cristiano

En el mundo de hoy, mucha gente sostiene una perspectiva pluralista de la salvación. Es decir, creen que una persona puede llegar a Dios y recibir la vida eterna por medio de cualquier religión. Comúnmente usan la analogía de la montaña para comparar que, así como alguien puede llegar a la cima por un camino, así otros pueden tomar distintos senderos y llegar a la misma meta: la cima de la montaña. Todo esto para ilustrar que la salvación (“la cima de la montaña”) es algo que se puede alcanzar por diferentes caminos religiosos y no sólo por uno: Cristo.
Para nuestra sorpresa, los paganos no son los únicos que creen así. Según la encuesta hecha por Ligonier Ministries en el 2018, el 38% de Millennials (18-34 años) que profesan ser evangélicos en Estados Unidos afirmó que la salvación no se encuentra exclusivamente en Dios por medio de Cristo Jesús.

¿Cómo respondemos a esta clase de personas que sostiene un pluralismo sobre la salvación?

Antes que nada, veamos cómo piensa y argumenta esta gente.

  • Premisa 1: Dios es un Ser infinito que no puede ser limitado (encajonado) a una sola religión.
  • Premisa 2: El exclusivismo teológico no es algo que Dios promueva, ya que éste es dañino.
  • Conclusión: Cualquier religión que busque a Dios con sinceridad, lo encontrará.

Ahora observemos lo que enseñan las Escrituras en relación con este asunto y para esto podemos citar los siguientes pasajes:

  • Teme al Señor tu Dios, sírvele solamente a él, y jura sólo en su nombre. No sigas a esos dioses de los pueblos que te rodean, pues el Señor tu Dios está contigo y es un Dios celoso; no vaya a ser que su ira se encienda contra ti y te borre de la faz de la tierra. (Dt.6:13–15.)
  • Yo soy el camino, la verdad y la vida—le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí (Jn.14:6)
  • De hecho, en ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos (Hch.4:12)

Así que, ¿quién tiene la razón? ¿el cristianismo o el pluralismo? Descubrámoslo.

Premisa 1: Dios es un Ser infinito que no puede ser limitado (encajonado) a una sola religión.

El problema con esta declaración es que atenta contra la racionalidad de la verdad, ya que olvida que cuando algo es veraz, ese algo es verdadero en todo lugar y para todo tipo de persona. Afirmar lo contrario, es caer en un mar de relativismo. Y es precisamente esto lo que sucede cuando la gente promueve un pluralismo religioso; comienza a relativizar la verdad de acuerdo a sus costumbres, preferencias, razonamientos, etc. Por ejemplo, la religión Católica Romana cree que ciertas acciones (fe en Cristo + la participación en los sacramentos) son necesarias para la redención, mientras que el Budismo propone algo distinto, pero igualmente necesario, a saber, la eliminación de los actos y deseos negativos de la vida de la persona. ¿Quién dice la verdad? ¿Ambas? No, porque no pueden existir dos, tres o cuatro creencias diferentes y la misma vez necesarias y verdaderas sobre un mismo punto, en este caso, la salvación. Así que, si alguna de ellas es la verdadera, las otras, por consiguiente, son falsas.

Premisa 2: El exclusivismo teológico no es algo que Dios promueva, ya que éste es dañino.

Los pasajes que vimos anteriormente muestran que Dios es exclusivista. Ser inclusivo y aceptar todo tipo de camino para salvación es algo que no puede hacer Dios, puesto que él ya ha establecido la verdad sobre cómo puede alguien ser salvo y esa verdad es Cristo. El Señor no creó diferentes senderos para llegar a él, en su sabiduría sólo determinó un camino: el evangelio de Jesucristo, el cual también nos manda a predicar para que gente de toda lengua, tribu y nación lo escuche y, al creer, sea salva. Por lo tanto, cualquier desviación a esta verdad divina será, una falsedad. Además, si somos honestos, la cosmovisión inclusivista es la que realmente ha dañado a nuestra sociedad al alejarla cada vez más de la verdadera fuente de agua de vida eterna y no se diga en temas como la familia y el matrimonio.

Conclusión: Cualquier religión que busque a Dios con sinceridad, lo encontrará.

La naturaleza pecaminosa del hombre hace imposible que éste quiera y pueda buscar y encontrar a Dios. Romanos 3:10-12 lo confirma así:

“Así está escrito: No hay un solo justo, ni siquiera uno; no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado, a una se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo! Su garganta es un sepulcro abierto; con su lengua profieren engaños. ¡Veneno de víbora hay en sus labios! Llena está su boca de maldiciones y de amargura. Veloces son sus pies para ir a derramar sangre; dejan ruina y miseria en sus caminos, y no conocen la senda de la paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos.”

La realidad entonces es que el Señor es el que nos busca y quien toma la iniciativa para salvarnos en Cristo. De hecho, esto es lo que vemos desde el principio. Génesis 3:7-10, 14-15 y 21 nos muestra este patrón.

En ese momento se les abrieron los ojos, y tomaron conciencia de su desnudez. Por eso, para cubrirse entretejieron hojas de higuera. Cuando el día comenzó a refrescar, oyeron el hombre y la mujer que Dios andaba recorriendo el jardín; entonces corrieron a esconderse entre los árboles, para que Dios no los viera. Pero Dios el Señor llamó al hombre y le dijo: —¿Dónde estás? El hombre contestó: —Escuché que andabas por el jardín, y tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí… Dios el SEÑOR dijo entonces a la serpiente: Pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y la de ella; su simiente te aplastará la cabeza, pero tú le morderás el talón… Dios el Señor hizo ropa de pieles para el hombre y su mujer, y los vistió.

Como se puede observar de estos versículos, el ser humano intentó solucionar su problema del pecado, culpa y vergüenza, no yendo a Dios, sino cubriéndose con hojas de higuera y escondiéndose de él. Sin embargo, el Señor intervino y no lo dejó en su estado de culpa y miseria. En su gloriosa bondad le dio una promesa de redención (3:15), le dio la fe para creer en esa promesa (Efe.2:8-9) y simbolizó esa salvación al sacrificar un animal y vestir a Adán y a Eva de ropa de pieles obtenidas de ese sacrificio. Por supuesto, no fueron las pieles ni el sacrificio lo que les dio perdón, sino aquella tenue fe en lo que ese sacrificio apuntaba, a saber, la muerte expiatoria del Cordero de Dios en la cruz del Calvario, donde aplastó la cabeza de la Serpiente (Satanás). Es claro entonces que fue Dios quien tomó la iniciativa para salvar al hombre y no al revés.

Conclusión

Por lo tanto, no tengamos temor de proclamar un Evangelio exclusivista. Al contrario, unámonos a todos aquellos misioneros, pastores, y creyentes laicos que creen que el “mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios” (1 Co 1:18). 

Escrito por Pastor Luis Garcia

Licenciado en Sagrada Teología del Seminario Teológico Presbiteriano San Pablo de Merida, Yucatan y profesor del mismo desde el 2015 en las areas de Biblia y Teología. Pastor ordenado por la Iglesia Nacional Presbiteriana de Mexico desde el 2015 y autor del libro Post tenebras, lux: Recobrando la doctrina reformada.

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