Objeciones al Dios de la Biblia V

¿Sabías que…

  • Alrededor de 11 millones de personas murieron durante el Holocausto y que 6 millones de esa gente eran judíos?
  • Según la Organización de las Naciones Unidas del 2014, en América Latina, países como Honduras, Venezuela, Belice, Colombia y Brasil tuvieron una tasa de homicidio de 90.4, 53.7, 44.7, 30.8 y 25.2, respectivamente, por cada cien mil habitantes, mientras que en México la tasa fue de 16.4?
  • En 2015, hubo alrededor de 212 millones de casos relacionados con malaria de los cuales 429,000 murieron según Organización Mundial de la Salud?
  • En 2016 se notificaron a la Oficina Regional de la OMS para las Américas 349,936 casos sospechosos y 146,914 confirmados de chikungunya?

Ante estas cifras, muchos podrían llegar a la siguiente conclusión:

Premisa 1: Si Dios fuera Todopoderoso, Él sería capaz de prevenir el mal.
Premisa 2: Si Dios fuera todo Bondad, Él desearía prevenir el mal.
Conclusión: Por lo tanto, si Dios fuera Todopoderoso como todo Bondad no existiría el mal.
Premisa 3: Pero el mal existe.
Conclusión: Por lo consiguiente, no existe un Dios Todopoderoso y todo Bondad como afirman los cristianos.

¿Cómo respondemos ante esta clase de argumentación?

Antes que nada, debemos recordar que para que un silogismo sea válido las premisas tienen que ser verdaderas, de lo contrario el argumento cae por sí solo. Veamos, entonces si estas premisas son correctas.

Premisa 1: Si Dios fuera Todopoderoso, Él sería capaz de prevenir el mal.

Esta primera premisa es correcta. Dios sí es todopoderoso y por esa razón puede detener el mal en cualquier instante. Pero no lo ha hecho, lo que demuestra, no la inexistencia de Dios, sino que el Señor hace todas las cosas de acuerdo con su voluntad y no de acuerdo con lo que el hombre quiera que se haga. En otras palabras, Dios sí tiene el poder para destruir la maldad ahora, pero no lo hace porque su plan es otro. De hecho, en su decreto o plan eterno estableció que la maldad entraría al mundo, existiría por algún tiempo y luego la destruiría para que sólo existiera, en la renovación de este mundo, la justicia, santidad y perfección (2 Pe.3:13). ¿Por qué Dios haría esto? Porque es lo más sabio y lo que más gloria traería a su nombre. Para entender mejor esto, veamos lo que significa que Dios sea sabio.

La sabiduría de Dios significa que Él, con base a su conocimiento infinito, siempre escoge los resultados y los medios que más gloria le traerán. Es decir, de todas las posibilidades de mundos que pudieran existir y que Dios conoce, la sabiduría divina le requiere que siempre decida las mejores metas y los mejores medios para alcanzar esas metas. Esta definición nos enseña entonces que los decretos de Dios, esas decisiones eternas que Él tomó, son infinitamente mejores que cualquier plan que los hombres más inteligentes pudieran establecer, ya que están basadas en su infinita sabiduría. Y en esos planes Dios escogió la entrada y la existencia del pecado en el mundo por medio de la agencia responsable del hombre y todo esto para mostrar su infinita gloria.

Premisa 2: Si Dios fuera todo Bondad, Él desearía prevenir el mal.

Esta premisa es confusa. Me explico: la bondad de Dios, según la Biblia, quiere decir que él es bueno en su Ser y por consiguiente todo lo que hace o permite que ocurra es bueno. De manera que si existe el pecado es porque Dios tiene una buena razón para su existencia, de lo contrario, la maldad no existiría. Ahora, esto no significa que Dios se complazca en el mal o que su deseo de destruirlo no esté presente; lo está, sólo que no ha llegado el tiempo establecido por Él mismo de eliminar el pecado. Además, no olvidemos que Yahvé sí socorre, protege, ayuda y bendice a los que están sufriendo males y esto, tanto a creyentes como incrédulos, mostrando así su gloriosa bondad y gracia.

Primera conclusión: Por lo tanto, si Dios fuera Todopoderoso como todo Bondad no existiría el mal.

Este resultado es incorrecto. Como se dijo, el hecho de que Dios tenga todo poder no significa que tenga que hacer lo que nosotros queramos en el tiempo que queramos. Su poder lo utiliza para ejecutar, en Su tiempo, aquello que decretó o planeó desde la eternidad. Y en relación con la bondad de Dios, recordemos que la maldad no es incompatible con su bondad. Esto no significa que Dios no aborrezca el pecado, más bien, que él consideró bueno que la maldad entrara para de esa manera mostrar con mayor claridad la grandeza de su gracia al salvar a algunos pecadores y la majestuosidad de su rectitud y santidad al pasar por alto a otros y darles el justo castigo (infierno) que merecen por sus pecados.

Dicho de otra forma:

¿Cuándo se puede ver con mayor claridad el amor y bondad de los padres? ¿Cuándo el hijo se porta bien y le recompensan? o ¿cuándo se porta mal y ellos le extienden la mano para ayudarle a cambiar? Creo que la mayoría, sino es que todos diríamos que la segunda. Bueno, de manera similar y para desplegar con gran claridad lo grande de su gracia y amor, Dios decidió que el pecado entrara y existiera, ya que al salvar a algunos pecadores por pura gracia, estaría mostrando lo gloriosa que es su bondad.

¿Cuándo se puede ver que un juez es verdaderamente justo? ¿Cuándo perdona al culpable? o ¿cuándo sentencia al transgresor? Por supuesto, la respuesta es la segunda. Bueno, el Señor permitió que el pecado entrara para desplegar su justicia al pasar por alto a algunos de entre la humanidad y darles la condena que merecen por su pecado. ¿Suena algo egocéntrico todo esto? La respuesta es sí y no puede ser de otra manera, ya que si Dios no hiciera todo para Él, entonces eso implicaría que hay alguien o algo por encima de Él que merece el verdadero y supremo reconocimiento. Pero como no existe un ser por encima del Senor Todopoderoso, Él siempre hará todo para su propia honra.

Premisa 3: Pero el mal existe.

Esta premisa es totalmente cierta.

Segunda conclusión: Por consiguiente, no existe un Dios Todopoderoso y todo Bondad como afirman los cristianos.

Una vez más, la conclusión es falsa. El Dios de la Biblia sí puede existir al igual que el pecado. De hecho, ambos coexisten. La gran diferencia es que Dios es un verdadero Ser, que existe eternamente y de forma independiente y ejerciendo un control absoluto sobre todo lo demás. No así el pecado, el cual tuvo un principio y cuya existencia es dependiente de verdaderas sustancias (como el hombre) para manifestarse, y además es usado, soberanamente por Dios, para Sus santos propósitos. Como infaliblemente escribe Moisés: Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente (Gn. 50.20).

En resumen, sí puede existir un Dios Santo sin la necesidad de criaturas pecaminosas, pero la realidad de las criaturas pecaminosas hace resaltar en gran manera la santidad y justicia de Dios. El Señor pudo haber determinado que jamás existiera corrupción en su creación, pero lo permitió con un propósito santo, maravillándonos así con el alcance total de su soberanía. Además, al permitir la experiencia de la corrupción y el mal, dio lugar también a una nueva experiencia. Una experiencia que magnificaría Su bondad: La Redención en Cristo Jesús, el cual fue entregado según el determinado propósito y el previo conocimiento de Dios; y por medio de gente malvada, ustedes lo mataron, clavándolo en la cruz.  Sin embargo, Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque era imposible que la muerte lo mantuviera bajo su dominio (Hch 2.23–24). Y todo esto para salvar a un pueblo pecador y para la alabanza de su infinita misericordia.

No hay mejor manera para terminar que leyendo lo que pasará tras la segunda venida de Cristo. Juan escribe: El diablo, que los había engañado, será arrojado al lago de fuego y azufre, donde también habrán sido arrojados la bestia y el falso profeta. Allí serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos … Aquel cuyo nombre no estaba escrito en el libro de la vida era arrojado al lago de fuego … Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir.» El que estaba sentado en el trono dijo: «¡Yo hago nuevas todas las cosas!» Y añadió: «Escribe, porque estas palabras son verdaderas y dignas de confianza. (Apoc.20:10,15; 21:1-5).

¡ESTO ES LO QUE ESPERAMOS AQUELLOS QUE SOMOS DE CRISTO; ESTA ES NUESTRA ESPERANZA!

Escrito por Pastor Luis Garcia

Licenciado en Sagrada Teología del Seminario Teológico Presbiteriano San Pablo de Merida, Yucatan y profesor del mismo desde el 2015 en las areas de Biblia y Teología. Pastor ordenado por la Iglesia Nacional Presbiteriana de Mexico desde el 2015 y autor del libro Post tenebras, lux: Recobrando la doctrina reformada.

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