Objeciones al Dios de la Biblia III

Objeción III: El Dios de la Biblia es un ser mentiroso.

Una de las objeciones que con mayor frecuencia se levanta contra el cristianismo es en relación con la inmutabilidad de Dios. La gente suele presentar su argumentación de la siguiente manera:

•  Premisa 1: La Biblia dice que Dios no cambia, ni se arrepiente.
•  Premisa 2: Sin embargo, hay pasajes que muestran que Dios sí cambia de parecer.
• Conclusión: El Dios de la Biblia se contradice y si realmente existe, no es digno de confianza.

¿Cómo respondemos a esto?

Empecemos definiendo la inmutabilidad de Dios. 

La inmutabilidad es un atributo divino que quiere decir que el Señor es incambiable en su Ser, en sus planes y en sus promesas.

• Con Ser nos referimos específicamente a los atributos de Dios. Lo que se está diciendo entonces es que quien Dios fue desde la eternidad pasada, es también ahora y será también el mismo por siempre, sin sufrir ningún tipo de alteración en su naturaleza o Ser.
• Con la palabra planes nos estamos refiriendo a la voluntad secreta de Dios, conocida también como los decretos divinos. Lo que se está afirmando entonces es que cualquiera que haya sido la voluntad decretiva de Dios, esa voluntad se mantendrá incambiable hasta que se cumpla.
• Y con promesas nos referimos a todo aquello que Dios prometió a su pueblo. Lo que se busca afirmar aquí es que todas las promesas de pacto que el Señor hizo son verdaderas y que no habrá nada que pueda causar que Dios no cumpla su palabra.

Un antiguo filósofo llamado Parménides dijo lo siguiente en su análisis sobre el ser: “[el ser] no puede cambiar, porque en ese caso resultaría una cosa distinta de lo que es, es decir, no-ser, y el no-ser es inconcebible.” Aunque este filósofo no hablaba de Dios, su reflexión es correcta. Ya que el Ser de Dios es el único que es, y si él es, entonces no puede dejar de ser lo que es. De lo contrario, dejaría de ser Dios. Sin embargo, esto jamás ocurrirá, ya que Yahvé es el eterno Yo Soy (Ex. 3:14). Esto significa que el ser de Dios no se actualiza ni se está convirtiendo en algo más, ni está pasando por algún proceso de mejoramiento. Dios es simplemente el mismo desde la eternidad y será el mismo para siempre. Y así como el Ser de Dios es inmutable, también lo es su voluntad. Sus planes y sus promesas no necesitan de mejoramiento, son y serán incambiables hasta que se cumplan.

¿Cuál es el sustento bíblico?

  • Dios no es un simple mortal para mentir y cambiar de parecer. ¿Acaso no cumple lo que promete ni lleva a cabo lo que dice? (Num. 23:19)
  • Todas las promesas que ha hecho Dios son «sí» en Cristo. Así que por medio de Cristo respondemos «amén» para la gloria de Dios (2 Co. 1:20).
  • En el principio tú afirmaste la tierra, y los cielos son la obra de tus manos. Ellos perecerán, pero tú permaneces. Todos ellos se desgastarán como un vestido. Y como ropa los cambiarás, y los dejarás de lado. Pero tú eres siempre el mismo, y tus años no tienen fin. (Salmo 102:25-27)
  • Pero los planes del Señor quedan firmes para siempre; los designios de su mente son eternos. (Salmo 33:11)
  • Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y que no cambia como los astros ni se mueve como las sombras. (Sant.1:17)
  • Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos. (Heb.13:8)

¿Pero qué hay de aquellos pasajes que hablan de que Dios cambió de parecer o de que Dios se arrepintió? ¿Qué hay de Génesis 6 o de Jonás 3?

Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón (Gen.6:5-6).

Para poder aclarar el significado de este pasaje necesitamos entender que las palabras, especialmente, las palabras hebreas tienen un amplio rango semántico. Es decir, una palabra suele tener varios significados. En el presente texto, el verbo “se arrepintió” en hebreo es נָחַם (nāḥǎm) que significa confortar, cambiar de parecer, arrepentirse por algo malo, entristecerse, entre otros más.

¿Cómo podemos entonces saber el significado de una palabra? La respuesta es por medio del contexto en que aparece la palabra. De manera que, al volver a leer  Génesis 6:6, pronto nos damos cuenta de que el verbo traducido como “se arrepintió” está en un contexto de tristeza o lamento. Esto lo sabemos porque la segunda parte del v.6 dice: y le dolió en su corazón. Por lo tanto, el significado de nāḥǎm en este pasaje tiene que ver con la tristeza que Dios sintió al ver tanta maldad en la humanidad y no con un sentimiento de estar arrepentido por haber hecho algo malo o equivocado. Ahora bien, es importante aclarar que esta tristeza que Dios experimentó no es idéntica a la que el hombre siente. Es decir, es una “tristeza” antropomórfica.

Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo (Jon.3:10).

Para entender el significado de la frase “se arrepintió” (nāḥǎm) debemos situarnos en el contexto de libro de Jonás, el cual es un texto profético que nos muestra que tras la predicación de Jonás el pueblo de Nínive se arrepintió y Dios “también”. Al recordar los diferentes significados del verbo nāḥǎm, el que parece tener más sentido de acuerdo al contexto es el de cambiar de parecer. De hecho, esa es la razón por la que las versiones modernas traducen el texto así: Al ver Dios lo que hicieron, es decir, que se habían convertido de su mal camino, cambió de parecer y no llevó a cabo la destrucción que les había anunciado (3:10). 

Sin embargo, esto no resuelve del todo el problema, ya que mostraría que Dios no es inmutable en sus planes. ¿Cómo solucionamos esta aparente contradicción?

Para aclarar este pasaje es necesario entender que existen dos principales tipos de profecías. Por un lado, están las  profecías absolutas; aquellas que revelaban su voluntad decretiva teniendo un cumplimiento inalterable (en esta categoría entrarían, por ejemplo, las profecías mesiánicas) y por el otro lado, están las profecías condicionales. Estas son aquellas en las que el Señor actuó de acuerdo con la respuesta del hombre pero siempre en conformidad con sus planes decretivos. Es decir, si el pueblo cumplía con la condición de arrepentirse, Dios no los castigaría, pero si persistían en su pecado, el Señor les traería el juicio anunciado. Jeremías 18:3-10 muestra esta dinámica con mucha claridad. El profeta escribe: Entonces bajé a la casa del alfarero, y lo encontré trabajando en el torno. Pero la vasija que estaba modelando se le deshizo en las manos; así que volvió a hacer otra vasija, hasta que le pareció que le había quedado bien. En ese momento la palabra del Señor vino a mí, y me dijo: «Pueblo de Israel, ¿acaso no puedo hacer con ustedes lo mismo que hace este alfarero con el barro?—afirma el Señor—. Ustedes, pueblo de Israel, son en mis manos como el barro en las manos del alfarero. En un momento puedo hablar de arrancar, derribar y destruir a una nación o a un reino; pero si la nación de la cual hablé se arrepiente de su maldad, también yo me arrepentiré del castigo que había pensado infligirles. En otro momento puedo hablar de construir y plantar a una nación o a un reino. Pero si esa nación hace lo malo ante mis ojos y no me obedece, me arrepentiré del bien que había pensado hacerles.

Ahora, tanto el arrepentimiento como la persistencia en el pecado eran respuestas que Dios ya conocía y había establecido, pero sin infringir la voluntad y responsabilidad del hombre, en su decreto eterno. De manera que, ninguna de estas acciones hizo que Dios cambiara su voluntad decretiva. Al contrario, cuando Nínive se arrepintió, lo hizo porque ese había sido el decreto de Dios, y debido a que el Señor había dado su palabra de que los que se arrepintieran serían perdonados, Dios cumplió su palabra. Así que, lejos de tener a un Dios mentiroso, tenemos a un Dios veraz que cumplió con los términos de sus profecías condicionales y todo esto en armonía con su voluntad decretiva. Así que, Dios sí cambió de parecer, pero en términos antropomórficos y dentro de esta relación de profecías condicionales.

Como podemos ver, ninguno de estos pasajes bíblicos contradice la inmutabilidad de Dios, ya que ninguno habla de que haya habido un cambio en el Ser de Dios ni en sus planes eternos. Por lo tanto, podemos seguir adorando y confiando en el Dios que nunca cambiará. Como bien dijo el teólogo Reformado Bavinck: “Hay cambios alrededor y afuera de Dios, también, hay cambios en cómo la gente se relaciona con El, pero no hay ningún cambio en Dios mismo.”

Escrito por Pastor Luis Garcia

Licenciado en Sagrada Teología del Seminario Teológico Presbiteriano San Pablo de Merida, Yucatan y profesor del mismo desde el 2015 en las areas de Biblia y Teología. Pastor ordenado por la Iglesia Nacional Presbiteriana de Mexico desde el 2015 y autor del libro Post tenebras, lux: Recobrando la doctrina reformada.

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