¿Dónde Está Tu Identidad?

Exposición de Rut 1:19-22

Dr. J. Alberto Paredes

Donde pongas tu esperanza, allí estará tu identidad…

 

Anduvieron, pues, ellas dos hasta que llegaron a Belén; y aconteció que habiendo entrado en Belén, toda la ciudad se conmovió por causa de ellas, y decían: ¿No es esta Noemí?

Y ella respondía: No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara; porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso.

Yo me fui llena, pero Jehová me ha devuelto con las manos vacías.

¿Por qué me llamaréis Noemí, ya que Jehová ha dado testimonio contra mí,

Y el Todopoderoso me ha afligido? 

Así volvió Noemí, y Rut la moabita su nuera con ella; volvió de los campos de Moab, y llegaron a Belén, al comienzo de la siega de la cebada.

Rut 1:19-22

Introducción

Por favor hermanos, busquen en sus Biblias el libro de Rut en el capítulo 1; y mientras llegan me gustaría compartirles algo que me pasó cuando comencé a salir con Laura. Resulta que había un apodo para mí en su casa y yo era conocido como “el ignoto”. Así se referían algunos de cariño a mí, por supuesto, antes de conocerme. Realmente nunca me molestó que me llamaran así, después de todo, aquí en cabo era más conocido como “el hermano de Ale Paredes” que por mi mismo nombre. Después de tomar la decisión de vivir aquí pensé que esto cambiaría. Cuál fue mi sorpresa al llegar y ver que ya no era ni “el ignoto”, “ni el hermano de Ale”, sino que había pasado a ser “el esposo de Laura”

Déjame hacerte una pregunta hermano, es una pregunta un tanto difícil de responder, la pregunta es: ¿quién eres tu? La mayoría en nuestras mentes responderemos con nuestros nombres: Yo soy Alberto, yo soy Laura, yo soy Antonio, etcétera. Déjenme ponerla un poco más difícil: Sin usar tu nombre, dime, ¿quién eres tu? Aquí algunos de nosotros comenzaremos a batallar un poco más, y quizá nos de por insertar cosas como nuestros parentescos, hermano de… hijo de… papá de… algún oficio o profesión, soy el licenciado… el doctor… abogado… ama de casa…

Ahora piensa en esto. Algo terrible sucede en tu vida y lo pierdes todo: familia, trabajo, título, ministerio, propiedades, dinero…todo. ¿Quién eres tu? ¿Podrías responder de la misma manera si perdieras absolutamente todas las cosas con las que hoy te identificas?

Como bien dijo uno de mis maestros más queridos: “Tu identidad es aquello en lo que está basado el significado de tu vida…”

Y lo que estaremos estudiando esta mañana y lo que me gustaría que tengan en sus mentes mientras leemos el pasaje que nos compete hoy es que:

Donde pongas tu esperanza, allí estará tu identidad…

La semana pasada nos quedamos en el momento de la historia en que Noemí y Rut finalmente, y a pesar de la insistencia de Noemí para que sus nueras se quedasen en Moab, comienzan su viaje de regreso hacia Belén.

La Bienvenida de Noemí

En esta siguiente escena Noemí y Rut están entrando juntas a Belén, la casa del Pan, ese lugar de donde Noemí había salido por el hambre, y del que Rut solamente había escuchado historias, y la última que había escuchado, es que el Señor había visitado a Su pueblo para darles pan.

Es momento de prestar atención a los detalles de la narrativa, puesto que el autor nos dice mucho con ellos.

…y aconteció que habiendo entrado en Belén, toda la ciudad se conmovió por causa de ellas

En una época donde no existían medios de comunicación ni redes sociales, ¿cómo hacer para que toda una ciudad sea conmovida?

¿O quizá en realidad el autor no quiso escribir today sólo se refería a muchas personas de las que las vieron llegar? No, amados. Este detalle que nos da el autor nos habla del modo como entró Noemí a la ciudad, la forma en la cual la recibieron y el impacto que esto causó en aquella sociedad.

La entrada de Noemí con su nuera Rut a la ciudad de Belén causó un alboroto tal, que en toda la ciudad se encontraban hablando de aquel evento. No entraron en secreto, ni pasaron desapercibidas. ¿Cómo habrían de hacerlo? Noemí, la esposa de Elimelec, aquel hombre que había salido con su familia por lo menos unos 10 años atrás hacia las tierras enemigas de Moab en busca de un mejor futuro había regresado, y lejos de llegar con su familia y con sus ganancias y provisiones, ella había llegado pobre, sin los varones en su vida, y con una moabita como acompañante. Probablemente, en cuanto a su estándar de popularidad y aceptación, le hubiera sido mejor llegar sola, que con la moabita.

Y llegaron a enfrentarse al corazón de personas que habían resistido los tiempos de hambre y las dificultades. Si conocemos algo sobre lo que la Biblia dice acerca del pueblo de Israel en especial en el tiempo de los jueces, es que son personas orgullosas de su pureza racial, de ser “el pueblo elegido por Dios”, que son prontos a manifestar su “auto-justicia” antes que mostrar misericordia por los demás, y en general así es el corazón caído del ser humano: tendemos, cuando el viento está a nuestro favor, a vernos por encima de aquellos cuyos pecados los han llevado a las circunstancias en las que viven olvidándonos que nosotros merecemos lo mismo, o algo peor.

En fin, podemos decir con toda confianza que, si bien la llegada de Noemí causó cierta lástima entre los habitantes de Belén por las condiciones en las que se encontraban esto no es a lo que se refiere la palabra conmover.

Cuando dice que la ciudad se conmovió no dice que la ciudad fue movida a misericordia. No tenemos ningún ejemplo de misericordia del pueblo para con ellas hasta que aparece Booz en la historia. La palabra conmover que se usa en el texto se usa también en la narrativa en 1 Samuel 4:5 cuando menciona que el arca del pacto llegó al campamento de Israel para que luchasen contra los filisteos, y el grito de júbilo fue tal, que resonaba en la tierra…esa palabra resonar y la palabra conmover en Rut son la misma. Y no implica nada que tenga que ver con un amor genuino para con estas personas. Lo que sí implica esta palabra es que había inquietuden el pueblo, había cierta exaltaciónpor esta llegada. Quizá cierta lástima por Noemí, pero al mismo tiempo desprecio porque ahora era pobre a causa de sus malas decisiones, y su acompañante era de los enemigos del pueblo de Israel.

El pueblo se sentía molesto, como cuando estás ante una escena incómoda. Ellos reconocen a una de los suyos, pero el viaje, la viudez y la pobreza evidentemente han hecho estragos con ella, de modo que es desagradable a la vista de ellos, más aún cuando se dan cuenta que viene acompañada de una moabita, y es en medio de esto que ellos preguntan:

¿No es esta Noemí?

Esta pregunta no muestra signos de compasión, sino más bien de juicio. Y esto es más evidente cuando nos ponemos a pensar, de nuevo, por qué nadie ofrece ayuda a estas viudas. Toda la ciudad se conmovió…pero nadie ofrece ayuda. Esta pregunta pone en entredicho la identidad de Noemí, y la pone en entredicho porque para el pueblo, ella no representa más el estándar de lo que una mujer de su edad debería ser.

Ellos cuestionan la identidad de Noemí porque no habían entendido que su propia identidad como pueblo escogido por Dios no estaba basada en el hecho de haber nacido judíos, no estaba en ninguna de sus obras, en su familia o posesiones, sino en la misericordia que Dios había tenido para con ellos. Somos el pueblo del pacto no por ser el objeto del pacto, sino porque el Dios que es fiel al pacto, nos ha elegido. Nuestra identidad debe estar en el Dios del pacto, no en nosotros mismos, ni mucho menos en otras cosas.

Por supuesto, sin haber entendido su identidad y sin haber comprendido la misericordia de Dios, nadie brinda ayuda.

En su ley estaba escrito esto:

A la viuda y al huérfano no afligirán. Si los afliges y ellos claman a Mí, ciertamente Yo escucharé su clamor, y se encenderá Mi ira y a ustedes los mataré a espada, y sus mujeres quedarán viudas y sus hijos huérfanos.

Éxodo 22:22-24

Una y otra vez Dios se expresa a favor de los más necesitados y de forma explícita manda a su pueblo a brindar ayuda.

Pero no solo el pueblo no entendía bien qué es lo que le daba su identidad; Noemí tampoco:

Y ella respondía: No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara; porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso.

Esta es la respuesta de una mujer que supuestamente pertenece al pueblo escogido por Dios…

Es decir, yo ya no me identifico más como Noemí (placentera, agradable), no me llamen de esa manera, están bloqueando mi libre desarrollo de la personalidad si lo hacen. Porque esa identidad estaba íntimamente ligada a mi familia. Era Noemí mientras tenía a Elimelec, a Malhón y a Quelión. Pero ahora que se han muerto todos, mis circunstancias han cambiado, cómo me siento ha cambiado, entonces yo ya no soy esa persona. De ahora en adelante quiero ser conocida como Amargura. Mara.

La actitud de Noemí nos dice que su identidad depende de sus circunstancias y de cómo se sienta o se perciba al respecto.

…porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso.

El pasado domingo se nos hablaba sobre este Sx. de Noemí, y como parte de ese síndrome, se nos refería que nuestras acciones no van de acuerdo con lo que confesamos. Y aquí tenemos otro claro ejemplo de ello. En la misma frase en la que expresa su total desesperación y agonía, hace esto llamando a Dios “El Todopoderoso”.

¿Pueden ver la ironía, hermanos? Por un lado, profeso ser parte del pueblo escogido por Dios. Confieso que Jehová, mi Dios, es el Todopoderoso, el Soberano, si hay alguien en que pueda encontrar refugio es en Él, si hay alguien que me podría dar esperanza es Él, pero al mismo tiempo que profeso esto, lo hago para expresar mi propia desesperanza, desesperación y desconsuelo. Al mismo tiempo que proclamo a Dios como el Todopoderoso, me hundo en mi propia miseria pensando que nada me podrá sacar de aquí.

De manera que, uno de los signos del Sx. de Noemí es que no hay congruencia entre lo que se dice y lo que se hace. Pero déjenme aprovechar mi breve experiencia en medicina para hacer un uso apropiado de la palabra síndrome: Un síndrome se define como el conjunto de signos y síntomas que apuntan hacia una misma causa. Así que, si uno de estos signos es la incongruencia entre lo que digo y lo que hago, el otro signo es tener una identidad que está definida por mis circunstancias.

Y si hacemos un buen ejercicio diagnóstico podremos llegar a encontrar cuál es la causa detrás de estos comportamientos, y finalmente, cuál es el tratamiento para esta terrible condición.

El Lamento de Noemí

Ahora bien, para Noemí no es suficiente responder de este modo a la bienvenida que recibió por parte de los suyos, sino que para expresar con mayor profundidad lo que siente compone el siguiente lamento de forma poética:

Yo me fui llena,

pero Jehová me ha devuelto con las manos vacías.

¿Por qué me llamaréis Noemí,

ya que Jehová ha dado testimonio contra mí,

Y el Todopoderoso me ha afligido? 

Es difícil leer estas palabras sin sentir algo de compasión por esta mujer. De hecho, ese es el propósito de estas líneas y de escribirlas usando poesía. ¿Quién de nosotros no se ha sentido así en algún momento de su vida? Pero antes de apresurarnos a compadecernos de esta viuda, que realmente necesita compasión y misericordia, nadie está diciendo lo contrario, detengámonos a analizar qué es lo que está comunicando esta mujer con estas palabras.

Yo me fui llena…

¿Llena de qué? ¿No acaso la razón por la que dejaron Belén atrás fue porque no había nada para comer? ¿Llena de qué?

…pero Jehová me ha devuelto con las manos vacías.

Creo que sabemos a lo que Noemí se refiere. Cuando Noemí dice que se fue llena, habla de su familia: Su esposo y sus dos hijos.

La esperanza de Noemí estaba en realidad en los varones de su vida. Por supuesto que socialmente la vida sería muy dura, probablemente de pobreza extrema sin ellos, sin embargo, Noemí aquí no está mostrando simplemente una preocupación económica.

Lo que Noemí está diciendo es que su familia era el todo de su vida, era su esperanza, era lo que la hacía sobrevivir, era lo que le daba significado y valor a su existencia, y en eso estaba su identidad. Y al no existir más, ¿cuál es su respuesta?

¿Por qué me llamaréis Noemí…?

El lamento de Noemí es el lamento de alguien que lo ha perdido todo. No solo lo material, no solo a su familia, sino todo. Noemí ha perdido tanto según ella, que no queda más esperanza en su vida. Ella pide que la llamen Amarga. Antes, su identidad estaba en su familia, ahora su identidad está en su dolor. Noemí no ha aprendido la lección. Ella ha determinado que su destino está resuelto al sufrimiento y la amargura, y que no hay absolutamente nada que le pueda devolver la esperanza que ha perdido.

Ella voltea hacia la sociedad que la rodea y grita: ¡Lo he perdido todo! ¡Soy una víctima! Pero no se queda allí, sino que acusa a Aquél que ella considera es el responsable y el culpable detrás de todo esto:

  1. …Jehová me ha devuelto con las manos vacías.
  2. …ya que Jehová ha dado testimonio contra mí,
  3. Y el Todopoderoso me ha afligido.

¿Hermanos, ustedes saben lo que significa la repetición en la literatura hebrea? En la literatura hebrea se repiten las cosas para hacer un énfasis, y la mayor expresión de este recurso literario es repetir tres veces algo.

Noemí le está diciendo a este Dios, Todopoderoso, a Jehová: Señor, es tu culpa, tu culpa, tu culpa, que yo esté en esta situación. Tu eres el máximo responsable detrás de mi miseria.

¿Dime Señor, qué hice yo? Yo me fui con las manos llenas. Me sometí a mi esposo. Pero tu… eres tu el que me ha devuelto con las manos vacías. Gente de Belén, ya no me llamen más Noemí, ya que Jehová ha dado testimonio contra mí. Este lenguaje es el lenguaje de un juicio donde Noemí está siendo acusada, se está declarando inocente y Jehová la está declarando culpable de algo. Alguno de los dos está mal. Y créanme, no es Jehová. Nunca es Jehová.

¿Qué hizo Noemí para merecer esto? Hagamos un recuento de los hechos:

Elimelec que también tenía su identidad en las cosas materiales, en qué iban a comer y en cuánto les iba a dura el dinero que tenían, decide desobedecer la ley de Dios al irse a habitar a tierras enemigas.

¿Saben cuáles eran las maldiciones contra la desobediencia de Israel? Precisamente hambre, sequías, enfermedad y muerte. Elimelec jamás debió haber dejado su tierra, lo que tenía que haber hecho era arrepentirse. Noemí no debió haber permitido que su marido se fuera, y menos que sus hijos se casaran con mujeres moabitas, lo que debió haber hecho era rogar a su marido que recapacite y se arrepienta, pero no apoyarlo en quebrantar la ley de Dios. Pero su marido y su familia eran su todo, allí estaban puestas sus esperanzas, ellos eran su identidad, así que los siguió. No debió haber permitido que sus hijos se casaran con mujeres moabitas, pero sus hijos eran su todo, así que lo permitió. Noemí lejos de alentar a sus nueras a acompañarlas a conocer al pueblo de Dios las invita a regresar a sus ídolos. Noemí fue copartícipe de la desobediencia de su familia, y como tal, ella era también responsable de las consecuencias. La muerte que sufrieron Elimelec, Mahlón y Quelión por desobedecer era la misma muerte que merecía Noemí.

Y este es el mejor momento para recordarnos hermanos, que, en esta historia, tu eres Noemí.

¿Cuántas veces no ponemos nuestras esperanzas en cosas insignificantes? ¿Cuántas veces nuestra identidad no está basada en cosas que no tienen el poder que nuestra alma requiere para ser vivificada? ¿Cuántas veces nuestra identidad no está en nuestra carrera, en nuestro trabajo, en tu empresa, en que me suban el sueldo, en los ‘me gusta’ que tenga en Facebook, mis relaciones, un evento quizá? ¿Cuántas veces no ponemos nuestra identidad aún en cosas ‘buenas’ como la familia, mi esposo o mi esposa, o aún mi ministerio? ¿Qué pasa si mañana ya no puedo predicar? ¿Qué si mañana ya no puedes seguir sirviendo haciendo lo que haces? ¿Qué pasa si mañana el sistema político de nuestro país nos persigue por predicar la verdad y querer educar a nuestros hijos conforme a la Palabra de Dios?

¿Sabes cómo identificar cuando estás poniendo tu identidad en otra cosa que no es Dios? Al igual que Noemí, comienzas a desafiarlo. Dejas de hacer lo que sabes que deberías hacer, o comienzas a hacer cosas que sabes que están prohibidas.

Padre o madre que me escuchas, cuando dejas que tu hijo tenga una relación que a todas luces es pecaminosa, pero no pones un alto porque temes dañar tu relación con él, tu identidad no está en Cristo. Joven o jovencita, si estás dispuesto a ver lo que no debes, o a enseñar más de lo que debes para ganar la apreciación de los demás, tu identidad no está en Cristo. Esa sustancia que consumes sabiendo que va en contra de lo establecido por Dios, ese programa que no quieres dejar de ver, esa sola área de tu vida que temes dejar de controlar…

¿Dónde está tu identidad? ¿En qué tienes puesta tu esperanza?

Porque, donde pongas tu esperanza, allí estará tu identidad…

Y si no la ponemos en Cristo, hermanos, tendremos consecuencias. La Biblia es clara al respecto.

¿Y qué haces cuando obtienes tus consecuencias por depositar tu esperanza en el lugar equivocado?¿Qué haces cuando las consecuencias de tu pecado te alcanzan? ¿Pretendes huir como Elimelec? ¿Reclamas o te haces víctima como Noemí? ¿Culpas a Dios por tu injusticia delante de todos?

Una Nota del Autor

Noemí dejó de identificarse como tal, y pidió que se le llame Mara, Amargura. Pero es interesante la nota que hace el autor del libro para finalizar:

Así volvió Noemí…volvió de los campos de Moab…

Esta locura de querer cambiar tu identidad; la ideología de la identidad de género, por ejemplo, es un engaño. Es un ídolo que promete liberar a muchos, prometiendo sentirse mejor una vez el mundo los reconozca como ellos desean ser reconocidos; sin dejarles ver que no es más que otra forma de esclavitud al pecado.

Ahora las personas exigen que las trates como aquello con lo que ellos se identifican, sea hombre, mujer, delfín, caballo, o un árbol. En Canadá un hombre de 56 años pidió que se le identifique como una niña de 6 años. El gobierno se lo concedió y ahora tiene el derecho de asistir a un jardín de infantes.

La manifestación final del poner nuestra identidad en el lugar incorrecto no sólo es el aceptarlo abierta y rebeldemente, tal como Noemí, y tal como muchos en la sociedad en la que hoy vivimos, sino tratar de imponerla a los demás.

Noemí podrá haber hecho todo el drama que hizo, su dolor fue real, y la pérdida de su familia lo fue también, pero ella no tiene autoridad para cambiar su identidad. El autor, inspirado por el Espíritu Santo, hace caso omiso a las demandas de Noemí, y cuando ella dice: No me llamen más Noemí, el autor responde: así volvió Noemí.

…volvió de los campos de Moab…

De la tierra de idolatría y pecado. Del lugar prohibido. De su desobediencia y la de los suyos. Volvió vacía, espiritualmente, volvió rota, quebrantada a consecuencia de su pecado.

Nosotros somos Noemí, hermanos. Nosotros tenemos muchas veces este síndrome. No actuamos conforme a lo que decimos creer, y tratamos de cambiar nuestra identidad según nuestras circunstancias.

Pero saben, Noemí no sólo se equivocó en ver cuál era su pecado, sino también se olvidó de la fidelidad de Dios. El tercer signo del Sx. de Noemí es que no nos damos cuenta de que, a pesar de nuestras circunstancias, Dios sigue obrando.

Noemí no regresó vacía como dijo. Estaba Rut con ella. Y, como más adelante nos muestra este mismo libro, Rut valía más que una familia perfecta, más que siete hijos. En Rut, Dios mostraba su gracia y misericordia para con Noemí, pero ella estaba cegada a causa de su pecado.

El autor en esta nota final nos da una pista de esta esperanza en la forma paralela como escribe lo siguiente:

Así volvió Noemí, y Rut la moabita su nuera con ella; volvió de los campos de Moab, y llegaron a Belén, al comienzo de la siega de la cebada.

Había esperanza en Belén para estas mujeres, pero no sólo por la siega de la cebada, no por la gente que ahí les esperaba, sino porque, aunque Noemí en esos momentos estaba perdida en su dolor, Rut sabía que Jehová había visitado a este pueblo, Rut tenía puesta su fe en este mismo Dios al que Noemí acusaba. El mismo Todopoderoso que las trajo vivas desde Moab, había decretado que habría redención para ellas.

Y así continuaremos la historia la siguiente semana.

Pero antes, déjame recordarte, que la historia de Noemí nos confronta, y nos lleva a preguntarnos: ¿quién eres tu? ¿Dónde está puesta tu esperanza? ¿Cuál es tu identidad? Nosotros sabemos, a fin de cuentas, que Dios estaba obrando de una forma maravillosa no sólo en la vida de estas dos mujeres, sino en la historia más grande de redención, y que de Rut la moabita, vendría el rey David, y del linaje del rey David vendría el Rey de reyes y Señor de Señores. El Cristo prometido y anhelado, el que lo llena todo en todo y que Cristo ha muerto por nuestros pecados en la cruz del calvario. Reconciliándonos así con el Padre. Para ser adoptados como hijos, y ser coherederos del reino si nos arrepentimos de poner nuestras esperanzas en el lugar incorrecto y ponemos nuestra fe en Él y sólo en Él. Para algunos como Noemí y Rut hay oportunidad de regresar de los campos de Moab al pueblo del pacto, el camino no es fácil, hay dolor y sufrimiento. Para otros, como Orfa, Elimelec, Mahlón y Quelión su fin se encuentra en tierra de ídolos. ¿Dónde está tu identidad? ¿En qué está puesta tu esperanza? Solo en Cristo hay salvación, sólo en Él podemos tener una esperanza segura, sólo en Él debe estar nuestra identidad.

Escrito por Dr. J. Alberto Paredes

Médico graduado de la Universidad Anáhuac Mayab. Director y Fundador de Enviados México. Estudiante de Maestrías en Divinidades y en Estudios Teológicos del Seminario Teológico Reformado de Charlotte, Carolina del Norte. Ha publicado entradas en otros ministerios como Dios es Santo; y artículos oficiales en el Christian Research Institute. Pasión creciente por la Palabra, y pasión por su país. Promoviendo la Reforma en México, Por Su Gracia...Para su Gloria.

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