Antes de Elegir, Recuerda el Evangelio

Mi Voto: Su Gloria

Antes de Elegir, Recuerda el Evangelio

Espero que estos días y estos escritos hayan sido de utilidad para ti y a quienes hayas mostrado esto. Realmente es hermoso tener la paz y tranquilidad de saber que, sin importar quién gobierne nuestra nación, hay un Dios que está por encima de el presidente electo. Más hermoso es saber que este Dios es nuestro Padre, y que nos ha adoptado como hijos suyos. Esto tal vez sea ajeno a ti, tal vez es la primera vez que consideras a Dios en tu vida. O tal vez te has dado cuenta de que, a pesar de llevar años en la iglesia, no sientes esta paz y esta calma de saber que nuestra esperanza va mucho más allá de los sufrimientos que quizá nos esperan en un futuro, que nuestra gloria es eterna con Cristo, unidos a Él.

Si Dios pudo resolver lo más importante, ¿cómo no podrá encargarse de problemas menores? ¿Cómo no proveerá para sus hijos lo suficiente?

Si este es tu caso, considera esta realidad: el gobierno que tenemos, y el que seguramente nos presidirá, sea cuál sea, es un reflejo del mal y del pecado que existe en la humanidad, y si tu eres un ser humano, ese mismo pecado está en ti, y te condena delante de Dios (Ro. 3:10-18, 23). Eres sujeto de su ira, de su juicio terrenal y eterno (Ro. 1:18-32). Todos merecemos esto. Sin embargo, hay esperanza. Dios envió a Su Hijo Cristo Jesús para reconciliar consigo mismo al mundo (Jn 3:16, Ro. 5:8; 2 Co. 5:18-21). Su vida perfecta está a nuestro favor, y su muerte en la cruz es suficiente para pagar la deuda de todos nuestros pecados si ponemos en Él nuestra confianza para salvación.  Entonces, y sólo entonces podremos disfrutar de vida eterna, de una paz que sobrepasa todo entendimiento, podremos vivir seguros, puesto que, si existen sufrimientos en esta tierra, no se comparan en nada con la gloria que ha de venir, y más importante aún, porque nuestro mayor problema no es quién nos gobierne, sino el pecado, y es un problema que Dios ha resuelto en Cristo para quienes creen en Él. Si Dios pudo resolver lo más importante, ¿cómo no podrá encargarse de problemas menores? ¿Cómo no proveerá para sus hijos lo suficiente?

Entonces, ¿qué diremos a esto? Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con El todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Romanos 8:31-39

Sólo Cristo es nuestra esperanza. Solo Cristo es la verdadera esperanza de México. Sólo el evangelio puede acabar con la corrupción. Sólo Dios puede transformar a esta nación. Cristo es el cambio que México necesita. Dios es el único que mueve a México, y puede dejar de hacerlo cuando desee.

Pongamos nuestra esperanza en el lugar correcto. Votemos con nuestra mirada puesta en un lugar más alto que la silla presidencial. Votemos con nuestros ojos fijos en el trono de Dios. Aquel trono alto y sublime, rodeado de serafines que cantan ¡Santo, santo, santo; es el Señor Jehová Rey de los ejércitos! ¡Toda la Tierra está llena de Su glroia! (Is. 6:2-3)

¡Gloria sea a nuestro Dios, y Padre de nuestro Señor Jesucristo! ¡Sus juicios son justos! ¡Su voluntad es perfecta! Nos ha dado vida, y vida en abundancia. Nos ha unido a Cristo mediante Su Espíritu. El Señor habla, que se haga Su voluntad. A Él sea la horna, el poder, y la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

Escrito por Dr. J. Alberto Paredes

Médico graduado de la Universidad Anáhuac Mayab. Director y Fundador de Enviados México. Estudiante de Maestrías en Divinidades y en Estudios Teológicos del Seminario Teológico Reformado de Charlotte, Carolina del Norte. Ha publicado entradas en otros ministerios como Dios es Santo; y artículos oficiales en el Christian Research Institute. Pasión creciente por la Palabra, y pasión por su país. Promoviendo la Reforma en México, Por Su Gracia...Para su Gloria.

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